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sábado, 30 de enero de 2016

Bienvenida e Introducción

Me alegra mucho que estés leyendo este blog; pues seguramente te apasiona la historia tanto como a mí. ¿Cómo empezó en mí este interés tan grande por la historia? Bueno, la verdad es que desde hace ya más de cuarenta años he estado bregando con la defensa de la historia bíblica. Así pues, como diría un historiador crítico, soy un historiador confesional; uno de poca monta, como dirían ellos; bueno, como pensarían ellos más exactamente, aunque no lo digan. Porque los historiadores críticos se consideran la élite del conocimiento histórico y piensan que los historiadores confesionales son poco escrupulosos, poco objetivos y poco científicos con la diversa documentación histórica. ¡Protesto señorías! Los historiadores críticos pueden especular tanto como los confesionales como demuestra, por cierto, la historia misma y sus propios escritos. Los historiadores de cualquier procedencia son hombres y mujeres comunes, susceptibles por lo tanto a la seductora vanidad; y por cierto, también a los avatares de la historia y a los poderes públicos de su tiempo, sean estos políticos, religiosos o económicos. Generalmente no pueden sustraerse a estas circunstancias y pocos son los que lo logran, a menos, eso sí; que vayan en pos de la verdad. La verdad debe ser la búsqueda última del historiador; de eso no debe haber duda; solo que para lograr eso debe quedar claro que uno tiene que amar la verdad y tiene que amarla mucho; más que a su propia vida; digo bien; porque muchos historiadores han sacrificado la verdad bajo las dictaduras y los totalitarismos por temor a sufrir daño. Y por otra parte, los historiadores que viven bajo las democracias; como pueden decir lo que quieran, pues a veces dicen solemnes tonterías.
Pues bien, ¿qué es la historia? Suele definirse como el conjunto de acontecimientos y sucesos a lo largo de la experiencia humana. Es pues, ante todo un fenómeno que gira en torno al hombre; la historia está hecha por el hombre para el hombre. Aunque hablemos de la historia del cosmos, cuando el hombre no existía; ésta siempre será de interés exclusivamente para el hombre que es el que siente una apasionada curiosidad por saber; ni al primate ni al delfín le interesan en lo más mínimo la cultura de la historia. Jamás veremos a un chimpancé leyendo a Darwin ni la Biblia y mucho menos reflexionando qué obra cuenta la verdad de su origen y legado y tampoco debatiéndola con sus hermanos primates. El sentido de la historia solo interesa a los hombres y mujeres.
Ahora bien, ¿por qué se discute tanto sobre historia? Y ¿por qué no hay acuerdo sobre cómo sucedieron ciertos asuntos históricos y su sentido?
Bueno, pues en la próxima entrada contestaremos esa cuestión. Mientras tanto, por si no lo has hecho aun, te invito a que leas la presentación de Sway que hice en preparación a este blog donde se explica mi propósito y la razón del título de mi blog. Se encuentra en el siguiente enlace: El Historiador sin papeles. Hasta mañana.