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lunes, 27 de abril de 2020

La estratagema de Jacob con las varas rayadas como método de cría selectiva a la luz de la Ciencia actual.


            Cuando leen Génesis 30:31-42 y 31:6-13, algunas personas aducen que se trataba de una práctica pagana supersticiosa y anticientífica. Añaden encima, que fue refrendada por un ángel de Dios. Pero, puesto que sería francamente imposible que Dios apoyara una práctica pagana o una superstición, debe haber una buena razón para que se haya dejado este relato como parte del registro bíblico “inspirado por Dios” (2 Timoteo 3:16). Por eso, otros lectores del relato, menos críticos, reconocen simplemente, que se trata de un problema genético de difícil interpretación científica.
Por ejemplo, si se trataba de un concepto erróneo por parte de Jacob y sus contemporáneos esto no sería ninguna afrenta a Dios puesto que esto entraba dentro de su propósito, ya que siglos después, el sabio rey Salomón escribió lo siguiente: He visto la ocupación que Dios ha dado a los hijos de la humanidad en qué ocuparse. Todo lo ha hecho bello a su tiempo. Aun el tiempo indefinido ha puesto en el corazón de ellos, para que la humanidad nunca descubra la obra que el Dios [verdadero] ha hecho desde el comienzo hasta el fin.” (Eclesiastés 3:10, 11) De modo que, como parte de la ocupación que Dios ha dado al hombre está la de “descubrir” su obra; o dicho de otro modo: adquirir conocimiento (o ciencia) de la Creación que nos rodea. Como la creación es una obra colosal, no debe extrañarnos que como dice Salomón, el hombre “nunca descubra” la obra de Dios, pues, como ha demostrado el camino de la Ciencia; éste ha sido tan ingente como la obra que pretende descubrir. Por lo tanto, está claro que a Dios no le disgusta que el hombre sea científico; todo lo contrario; a él le agrada que el hombre se acerque a su creación con reverencia y respeto. Pero Dios se ríe de los científicos pretenciosos que juegan a ser Dios, pues él sabe, mejor que ellos, que está a años luz de ventaja sobre todo el caudal de información que la Ciencia ha acumulado.
            Esta manera de ver el asunto está en consonancia con lo que el gran científico Albert Einstein dijo en una ocasión: "No soy ateo y no pienso que pueda decir que soy panteísta. El problema en cuestión es demasiado vasto para nuestras mentes limitadas.
¿No puedo responder con una parábola?
La mente humana, no importa cuán altamente capacitada esté, no puede comprender el universo. Estamos en la posición de un niño pequeño, entrando en una enorme biblioteca cuyas paredes están cubiertas hasta el techo de libros en muchos idiomas diferentes.
El niño sabe que alguien debió haber escrito esos libros. No sabe quién ni cómo. No entiende los idiomas en los que están escritos. El niño observa un plan definido en la organización de los libros, un orden misterioso, el cual, no se comprende; un orden misterioso que no entiende pero apenas sospecha sutilmente.
Esa, me parece, es la actitud de la mente humana, incluso de la más grande y la más culta, hacia Dios. Vemos un universo maravillosamente organizado, obedeciendo ciertas leyes, pero solo entendemos las leyes vagamente. Nuestras mentes limitadas no pueden escrutar la fuerza misteriosa que balancea las constelaciones"
            Podemos, por lo tanto, decir con honestidad que Dios admite la ignorancia del hombre en cualquier tiempo y lugar y jamás lo castiga por pretender adquirir entendimiento de los fenómenos a su alrededor. Solo tenemos que leer Génesis 1:14-19 para darnos cuenta que, desde el mismo principio Dios quería que el hombre aprendiera de su Creación. Cuando Dios hizo posible que las lumbreras Sol y Luna se vieran durante el cuarto día creativo, no solo lo hizo para “iluminar la tierra” (vers. 15); también lo hizo para que el humano observador y científico diera un uso práctico de su investigación, puesto que: “servirán de señal para marcar las estaciones, los días y los años.” (vers. 14) No sin razón, el Sol, la Luna, los planetas y las estrellas han fascinado a todos los sabios de todas las épocas que, a pesar de ensayo y error, han ido construyendo poco a poco la Cosmología, como piedra angular de la Ciencia actual.
            Por lo tanto, no podemos pensar que Dios desaprobara las prácticas de selección artificial o cría selectiva que utilizaban Jacob y sus contemporáneos para mejorar sus rebaños. Aunque hoy no sepamos como se originó aquella creencia antigua, no tenemos por qué denigrarla como superstición. Puesto que la superstición se define, no solo como algo irracional, lo cual es bastante subjetivo, sino también con algo a lo que se atribuye un carácter sobrenatural, sagrado u oculto; si el experimento de Jacob hubiera estado relacionado con estas cosas, entonces Dios sí lo hubiera protegido de ello.
            La cuestión entonces es: ¿fue anticientífica la practica que utilizó Jacob para producir rebaños selectivos?
            Es interesante que Jacob no estaba diseñando un experimento basado en el método científico. Es obvio que no, porque ni Jacob era científico ni había hipótesis en el experimento, puesto que esta se define como un enunciado no verificado, mientras que lo que Jacob quería hacer era algo probado empíricamente y por lo visto, común entre sus contemporáneos. Seguramente, Jacob conocía la creencia popular entre los pastores que aseguraban que la naturaleza de las crías depende, en parte, de las influencias externas que rodean a la madre en el momento de la concepción. Repasemos sistemáticamente el relato. Los versículos 31-33 del capítulo 30 de Génesis esbozan el plan de Jacob. Él motivo del plan, no era otro que, asegurarse un salario justo por parte de su suegro Labán y, no obstante, aunque justo, no ambicioso.  

Jacob pone varas al ganado de Labán, de Murillo. Siglo XVII.
Museo Meadows / U Souther Metho. Dallas-Texas.


Precisamente, esto es así por cuanto Labán exclamo: “¡Muy bien! Que así sea” (Gén. 30:34) La razón de la alegría de Labán era debida a la ganancia que él conseguiría mediante este trato. A Labán, que era un tramposo empedernido y nunca le gustaba perder, le brillaron los ojos cuando oyó la propuesta de su yerno. Él sabía muy bien que las ovejas blancas y las cabras negras eran las que más se reproducían entre los rebaños y seguramente pensó para sí que su yerno era un ingenuo perdedor que lo iba a enriquecer a él más de lo que ya lo había hecho. Efectivamente, aun hoy, se sabe que las ovejas blancas y las cabras negras o marrones del Cercano Oriente son las más numerosas. La razón, obviamente, se debe a que estas tienen el gen dominante mientras que los ejemplares moteados y con grandes manchas en ambas especies tienen el gen recesivo. Los estudios genéticos indican que la expresión de los genes recesivos se produce aproximadamente en el 25% de la herencia. De esta manera, Jacob, aun eligiendo la producción menor de ejemplares “no puros”, como del 25%, por lo menos se aseguraba un salario estable, aunque más modesto que el de su suegro Labán. Teniendo en cuenta que los antiguos contratos de pastoreo que se realizaban en estas regiones del Medio y Cercano Oriente, estipulaban una porción de entre el 10-12% del rebaño, junto con un porcentaje de la lana, y de los derivados de la leche, no estuvo nada mal el negocio. La actuación de Jacob, por lo visto, obedeció a la codicia de Labán quien le había cambiado su salario; devaluándolo obviamente, hasta en diez ocasiones (Génesis 31:41)
            A continuación, según Génesis 30:34-36, Labán, que era bastante desconfiado, separó los rebaños moteados y con manchas y los puso bajo custodia de sus hijos para que no se mezclaran con los que quedaron bajo el cuidado de Jacob. Aun, a costa de hacerlo por una razón egoísta, Labán, sin saberlo, estaba cuidando que la reproducción del experimento se estuviera haciendo correctamente, al impedir que se “contaminaran” las variables del experimento (los distintos rebaños). Por lo tanto, ello significa que dejó a Jacob solo con los rebaños de animales normales; o sea, las ovejas blancas sin manchas y las cabras negras, también sin manchas. Labán tenía claro que las probabilidades estaban a su favor y sacaría más ganancia que su yerno.
            Pero, por lo visto, Jacob no pensaba igual que su suegro. Eso es lo que se desprende al leer Génesis 30:37, 38 donde Jacob puso en marcha una especie de experimento eugenésico para lograr producir animales rayados y moteados de progenitores “puros” sin motas ni rayas. Él pensó que podía influir en la descendencia haciendo que los progenitores miraran las ramas o varas rayadas sobre un fondo monocromático, mientras se apareaban; aunque, no parece que nadie se extrañara de lo que hizo Jacob, como si aquello fuera algo nuevo. Posiblemente también era algo conocido por los ganaderos de aquella época que se dedicaran a la cría selectiva.
            De Génesis 30:39-42 se desprende también el cuidado que Jacob puso en la segregación de los diferentes tipos de rebaño para lograr su objetivo. Al mismo tiempo vemos otra variación del potencial de la cría selectiva que, por cierto, nos resulta más familiar y más coherente para nuestras mentes contemporáneas, que es la de utilizar los sementales más fuertes para producir crías más fuertes, a lo que Jacob, por supuesto, añadió la técnica que estamos analizando, la de mirar las varas rayadas. Puesto que Jacob estaba utilizando los animales “puros” de Labán, sin motas ni rayas, es evidente que también quería conseguir animales moteados y rayados de los animales de Labán; crías que pasarían a ser suyas por el acuerdo entre ellos. Si esto era posible, ello significaba el aumento de los rebaños de Jacob en detrimento de los de Labán.
            También vale la pena repasar algunos detalles del proceso técnico que utilizaba Jacob que parecen algo confusos. Génesis 30:41 indica que  “siempre que los animales más fuertes se ponían en celo, Jacob colocaba las ramas para que los rebaños las vieran y se pusieran en celo junto a ellas.”  En este texto observamos que se mencionan dos celos diferentes; uno espontáneo, anterior a la puesta de las varas y, otro condicionado, frente a ellas, una vez puestas. Este texto comparado con Génesis 30:38 indica que las varas servían para poner en celo a los carneros, pero, por otra parte, algunos carneros fuertes se ponían en celo de manera espontánea o natural, pues hoy sabemos que también obedecen a factores neuroendocrinos y ambientales en su comportamiento sexual. Por lo tanto, lo que Jacob hacía era potenciar este celo espontáneo exponiéndolos a las varas rayadas; se supone que, para consolidar el celo y propiciar el apareamiento, además de, por supuesto, del efecto condicionante de las varas para producir crías moteadas y rayadas.
            Génesis 30:43 indica que el proyecto tuvo éxito y, Génesis 31:1-5 da cuenta de cómo los hijos de Jacob también se dieron cuenta de ello; y hasta el mismo Labán, que cambió su actitud hacia él, al darse cuenta que su propio plan había fallado y Jacob se había enriquecido.
            Después de haber analizado con meticulosidad nuestro relato bíblico, está claro que, no siempre se puede poner en tela de juicio la sabiduría de los antepasados, si no; por ejemplo, por qué estaríamos especulando en la actualidad en cuanto a cómo se construyeron las pirámides de Egipto. Aun aceptando las varias hipótesis actuales sobre el tema, lo cierto y contundente es que ahí están , imponentes, después de más de 4500 años. De igual modo, cabe citar aquí, para el tema que estamos tratando, al célebre Dr. Louis Pasteur, quien afirmó en una ocasión que, "un poco de ciencia nos aparta de Dios. Y mucha, nos aproxima a Él".  Así que vamos a ver si la Ciencia, en continuo crecimiento, tiene algo que decir sobre la cría selectiva de Jacob y sus contemporáneos; no sea que , algunos que se consideran científicos no lo sean tanto como creen.
            En un artículo del Dr. en Genética, Daniel Cohen, sobre el relato bíblico que estamos analizando, la primera observación que él hizo es que las ovejas que se quedó Jacob eran homocigotas (que tienen en cada célula dos genes homólogos idénticos que solo pueden expresar una característica heredable dominante; en nuestro caso concreto, la piel lisa o no manchada). En nuestro ejemplo, queremos decir que, papá cordero pasó a su cría un cromosoma con genes o información genética idéntico al cromosoma que pasó a la cría mamá oveja. En cada uno de esos dos cromosomas idénticos había dos lugares, llamados “locus”, con dos variables llamados “alelos”; uno (el dominante) para codificar o crear piel lisa monocromática y otro (el recesivo) para piel moteada o rayada. Y esto para cada uno de los progenitores. Por deducción, el dr. Cohén clasificó como homocigotas a las ovejas de Jacob porque todas eran uniformemente iguales o blancas, lo cual quería decir que el alelo o gen dominante tanto en el cordero progenitor como en la oveja progenitora era el que producía piel uniforme monocromática, o blanca en las ovejas. En las cabras igual pero a la inversa.
            No obstante, el dr. Cohen se preguntó: ¿Cómo es posible transmitir a la descendencia un rasgo cuyo gen está ausente en los padres? Él pensaba que el estimulo visual por si sólo, no podía generar un gen en el ADN de los progenitores! Le causó una gran satisfacción encontrar la explicación científica que avala la observación del método empleado por Jacob, en un artículo publicado en la revista Nature, tiempo atrás. El artículo mostró que ratones progenitores homocigotos con cola manchada tuvieron en la descendencia ratones con cola blanca. De igual manera, al hacer la prueba inversa – homocigotos de cola blanca, tuvieron descendencia con colas manchadas.
            El fenómeno descrito se conoce como “paramutación” Otro comentario del articulo decía que, los rasgos heredables pueden estar guardados en una memoria ajena al ADN. El mecanismo de paramutación se realiza a través del RNA, sin la participación del ADN. Es decir, “un estímulo” genera la síntesis del RNA, y este se acumula en todas las células, y en consecuencia se trasmite a la descendencia. En la experiencia publicada, se obtuvieron grandes cantidades de RNA de colas blancas en el sémen de los ratones.
            Posteriormente aislaron el semen y al inyectarlo en los ovocitos, obtuvieron crias con colas blancas, a pesar de provenir de progenitores sin genes de cola blanca en su ADN (ya que eran homocigotas).
Por otro lado, trató de buscar información acerca de la capacidad del estímulo visual, como generador de respuestas genéticas, al igual que las varas que uso Jacob para inducir a las ovejas a tener crias moteadas.
Siguiendo la linea de pensamiento del hallazgo científico descrito (que es posible transmitir rasgos en ausencia de un gen en los progenitores, a través del RNA generado por un estímulo) se dio cuenta que no era descabellado suponer que las varas de Jacob tuvieron el efecto de generar RNA, que hiciera que “aparececieran” genes nuevos.
Pudo encontrar que los estímulos visuales no sólo generaban una respuesta química, transitoria y reversible una vez desaparecido el estímulo, sino que “despertaban genes” generados por RNA. Aprendió sobre esto, al repasar los trabajos de los premios Nobel David Hubel y Torsten Wiesel que demostraron que los estímulos visuales generan respuestas plásticas en el cerebro; o sea, que moldean el cerebro.
Quizá hayamos oído alguna vez que las imágenes que “vemos” a través de nuestros ojos y se gravan en nuestra retina se componen de miles de puntos de luz registrados por miles de neuronas que conforman la imagen como si fueran los píxeles de la pantalla de un ordenador que, a fuerza de organizarse, se juntan como las piezas de un puzle creando la imagen general. En esta teoría, la imagen sería el conjunto de la función unificada de miles o millones de neuronas. Sin embargo, las investigaciones de Hubel y Wiesel encontraron que, no es el conjunto, sino la neurona individual la que se activa por su propio estímulo. De esta manera, las neuronas individualmente pueden responder a un solo componente del campo visual como, un borde y su contraste, un movimiento y su dirección, una orientación, un color, figuras geométricas, etc. Según esto, los animales de los rebaños de Jacob pudieron ver las varas y los contrastes de color de las ramas descortezadas que dejaban al descubierto su “madera blanca” (Génesis 30:37) De igual manera podían distinguir los rebaños rayados así como los manchados o moteados.
¿Podría esto, por sí mismo, producir una experiencia sexual que incitara al celo y el apareamiento? Bueno, los experimentos de Hubel y Wiesel determinaron incluso el rango de edad en que la corteza visual se desarrolla por una experiencia visual, además de su programa genético. Uno de sus experimentos clásicos fue tapar los ojos de monos y gatos recién nacidos durante su primera semana de vida. Aunque al final del experimento los ojos no había recibido ningún daño, sí se observó  anormalidades en sus cerebros en comparación con los animales cuyos ojos no habían sido tapados. Estos experimentos ayudaron a los oftalmólogos a ver cómo las influencias tempranas en los cerebros tiernos de los niños , no admiten demora a la hora de tratar precozmente las alteraciones visuales de los niños, como el estrabismo o las cataratas congénitas que pueden conducir a la ceguera. Por eso, ahora operan antes, a una edad más temprana para prevenir tales problemas.
Podríamos decir entonces para concluir que, lo que hasta aquí hemos considerado, nos permite ver evidencias que apuntan a la posibilidad cierta del resultado del experimento de Jacob. Aun así, aunque otros biblistas apuntan al hecho que, del mismo modo que las mandrágoras de Raquel no fueron las que propiciaron su embarazo sino la bendición de Dios sobre ella (Génesis 30:14, 15, 22-24), del mismo modo, no fue el experimento de Jacob, sino la bendición de Dios, lo que produjo  una explosión de crías moteadas y rayadas. Aunque, este razonamiento es correcto en si mismo, también deberíamos admitir entonces, que Jacob no tendría que haber hecho nada, sino simplemente pedir la bendición de Dios para que su acuerdo con Labán diera sus frutos. Pero, el hecho de que utilizara aquellas técnicas de cría selectiva debe indicar que algún efecto tendrían también aparte de la bendición de Dios. En la Biblia, generalmente, la bendición de Dios va acompañada de las acciones del que ha pedido su bendición; o dicho de otro modo, la bendición de Dios potencia el efecto de las acciones de sus siervos en la decisión o dirección que ellos se muevan.
Pero, aún otros biblistas, indican otra explicación al enigma del relato que estamos considerando. Piensan que los rebaños de piel lisa, blanca o negra, no eran en realidad homocigotos o de raza pura, sino híbridos  que,  aunque mostraban su gen dominante (piel blanca o negra); también llevaban en sus cromosomas, por anteriores progenitores, el gen recesivo (piel rayada o moteada); que pudiera expresarse en ulteriores generaciones del rebaño. Sería un caso de herencia autosómica recesiva admisible según las leyes de Mendel. Pero de nuevo tenemos que decir que ello está bien aunque, siempre aunado al experimento de Jacob, sin el cual, nada tendría sentido. De hecho, tendríamos que admitir que lo que logró Jacob con los rebaños fue un resultado conjunto de varias cosas; una práctica ancestral empírica de sus contemporáneos, más las leyes genéticas de Mendel, más la transmisión de rasgos en ausencia de un gen a través de RNA, más la fisiología de la visión según Hubel y Wiesel, y, por supuesto y más importante; de la bendición de Dios sobre él. No tenemos por qué caer en el dogmatismo, admitiendo solo una solución cuando, ante nosotros, se presentan varias explicaciones o posibilidades lógicas.
La Biblia enseña que, el Creador, hace “que todas sus obras cooperen juntas” (Romanos 8:28). Por ejemplo, él “asignó un gran pez para que se tragara a Jonás”(Jonás 1:17); después, “asignó una calabaza vinatera, para que subiera [con su sombra] sobre Jonás” (Jonás 4:6); y aun después, “asignó un gusano al ascender el alba al día siguiente, para que hiriera [secara] la calabaza vinatera” (Jonás 4:7). Con estas acciones, Dios enseñó una lección vital a su profeta Jonas para que fuera humilde y supiera tratar con empatía a las demás personas. El Creador esAquel que llama desde el naciente a un ave de rapiña; desde un país distante, al hombre que ha de ejecutar [su] consejo.” (Isaías 46:11) O sea, Dios, quien domina toda su Creación, puede manipularla, por su gran sabiduría, para producir cosas prodigiosas que parecen desafiar nuestra limitada comprensión. La razón, evidentemente, es que él conoce hasta el mínimo detalle todos los procesos naturales, puesto que él los ha creado. Lo ideal, en el caso que nos ocupa es, que alguien; científico o ganadero, en un experimento bien diseñado tratara de imitar lo que Jacob hizo para ver si se confirma algún tipo de resultado. Por lo menos, de lo que sí hay constatación es de un rebaño de 119 ovejas rayadas y moteadas que fue encontrado en Canadá y devueltas a Israel a finales de 2016. Sus genes fueron rastreados miles de años atrás; y hasta algunos expertos pensaron que se correspondían con las características descritas en Génesis 30 y 31.














lunes, 23 de marzo de 2020

El sindrome de Calor Tóxico de la Medicina Tradicional China en las grandes epidémias de la humanidad

El síndrome de Calor tóxico de la MTCH (en adelante Medicina Tradicional China) supone toda una revolución dentro de la medicina desde que, a principio de 2000, el Dr. y profesor Felix Irigoyen lo diera a conocer a todos los terapeutas de las medicinas alternativas y a todos aquellos médicos oficialistas que lo desearan. Esto es así, desde el momento que el Dr. Irigoyen tendiera un puente entre las distintas técnicas médicas para que hubiera una sola medicina. Ciertamente, el síndrome de Calor tóxico, operativo y conocido milenariamente por los médicos chinos, adolecía de su traducción a la fisiología que es común al organismo humano y que es enseñada en todas las facultades de medicina del mundo, incluso en China. De modo que, el Dr. Irigoyen, un día, hace ya tiempo, cogió su maleta y se presentó en China para enseñar a los propios médicos chinos la traducción de sus propios conceptos a la comprensión de la fisiología. Los conceptos de la MTCH, tales como Qi, Yin, Yang, Estancamiento, Vacío, Calor, Plenitud, Viento, Jing, Wei, y muchos más eran tratados por los médicos chinos, con explicaciones filosóficas y misteriosas, que muchas veces eran difíciles de explicar hasta por los ellos mismos. Pero la inquietud intelectual del Dr. Irigoyen vino a poner orden y concierto a todo esto. Y todos aquellos que nos dedicamos a las terapias naturales no podemos menos que agradecerle de corazón toda la investigación y docencia a este gran hombre que nos ha dado una nueva visión para que sepamos tratar certeramente a nuestros pacientes.
Pero, en primer lugar, ¿qué es el Calor tóxico y por qué supone éste toda una revolución en la medicina? Calor tóxico podemos definirlo sencillamente como Hipersensibilidad inmunitaria y, el concepto es revolucionario porque supone un cambio en el paradigma de la inmunidad. Generalmente, tendemos a asociar el estado óptimo de la inmunidad con “defensas altas” y a la inmunidad deprimida con “defensas bajas”. Esto, que parece lógico a primera vista, no es así siempre. Por ejemplo, una fiebre alta la asociamos a un buen funcionamiento de nuestra inmunidad. Sin embargo, si la fiebre pasa a ser muy alta, entonces nos ponemos en estado de alarma por la simple razón de que una fiebre muy alta puede matar a una persona. ¿Decimos entonces que una inmunidad óptima ha matado a una persona? Ciertamente que no. Cuando algo, que supuestamente nos tiene que defender nos mata significa que algo no ha funcionado bien. Una fiebre muy alta es semejante a una batalla donde se destroza al enemigo pero al mismo tiempo se arruína el campo de batalla por la intensidad desmesurada de los proyectiles que se han utilizado y se hace inservible incluso para los ganadores. Por lo tanto, podemos resumir diciendo que la Hipersensibilidad inmunitaria, es un estado de defensas muy alto, que puede arruinar nuestra salud y lo veremos después, al repasar la sintomatología durante las grandes epidemias de la historia.
Bien, ¿qué es la Hipersensibilidad inmunitaria traducida a la fisiología humana? La hipersensibilidad inmunitaria es una hipersensibilidad a las toxinas. Normalmente, hay un equilibrio perfecto entre las defensas inmunológicas del cuerpo humano y los microorganismos en su piel y mucosas, además de los que llegan al sistema respiratorio a través  del aire. Lógicamente, y por definición, cuando hablamos de hipersensibilidad a las toxinas es porque debe haberse producido un desequilibrio en la relación de nuestra inmunidad natural hacia estos microorganismos y/o sus toxinas.
Este desequilibrio se expresa al repasar el síndrome de Calor tóxico según la MTCH que consiste en: fáciles y frecuentes fiebres elevadas, repetidos procesos inflamatorios como anginas y faringitis, gastroenteritis, colecistitis, infecciones agudas, colitis infecciosa, conjuntivitis, repetidas erupciones cutáneas etc. Y, en definitiva, calor interno, hipertermia y mucha sed. Y, por supuesto, también por la alta frecuencia en su aparición. Podemos discernir este síndrome cuando observamos a muchos niños conocidos que parece que siempre están acatarrados y con cuadros febriles, en contraste con otros niños que también padecen cuadros similares pero con un contraste marcado por sus síntomas más atenuados. Por lo tanto, el síndrome de Calor tóxico esta definido por el exuberante y marcado carácter exagerado de su cuadro clínico.
Hasta los dos años de edad, el sistema inmune del bebé no se ha desarrollado completamente, por lo que es preciso la ayuda de su madre para su protección. De modo que, a través de la placenta durante la vida intrauterina y a través de la lactancia, después del nacimiento, el niño hereda un sistema inmune imnato o adquirido. Las últimas investigaciones, en este sentido, apuntan a que una infección en la madre, incluso antes del embarazo, puede aportar inmunidad celular de por vida a su bebé concebido. El doctor William Horsnell, del Instituto de Microbiología e Infección de la Universidad de Birmingham, la Universidad de Orleans en Francia y la Universidad de Ciudad del Cabo en Sudáfrica, apunta: "La transferencia inmune de madre a hijo a través de la lactancia materna es una fuente muy importante de protección contra infecciones tempranas.” Otro de los investigadores, Adam Cunningham, profesor de Inmunidad Funcional en la Universidad de Birmingham, indica que la exposición de la madre a una infección puede “alterar permanentemente la inmunidad de la descendencia”, mas allá de los seis meses de protección que actualmente se aceptaban para la lactancia materna. La razón estriba en que la madre no solo transfiere anticuerpos o inmunoglobulinas a su hijo, cosa que ya sabíamos, sino que también transfiere células de protección inmune, especialmente linfocitos T con memoria de antígenos, para que el niño obtenga inmunidad de por vida de las infecciones a las que su madre ha estado expuesta.
El doctor William Horsnell explicó que, "esta es la primera demostración de que una infección antes del embarazo puede transferir la inmunidad celular de por vida a los bebés. El trabajo muestra que la exposición a una infección antes del embarazo puede llevar a una madre a transferir los beneficios inmunitarios a largo plazo a su descendencia. Esto es extraordinario y agrega una nueva dimensión a nuestra comprensión de cómo una madre puede influir en nuestra salud".
La cuestión entonces es: ¿transfiere la madre a su hijo, su peculiar y personal forma de enfrentarse a las infecciones? Quiero decir: Si una madre tiene por peculiaridad natural enfrentarse con Calor tóxico a una infección, ¿transferirá también esa naturaleza a su hijo? Esta es una cuestión apasionante, en virtud de que, lógicamente, lo que una madre transfiere a su hijo es su propia inmunidad. El niño no ha tenido tiempo de desarrollarla por sí mismo. Al mismo tiempo, esta idea puede explicar bien lo que ha ocurrido en las grandes epidemias de la historia donde, por cierto, ha habido mucho Calor tóxico.
            Cuando yo pensé por primera vez en la gran mortalidad que producían las grandes pandemias mundiales y por qué se producían, me vino a la mente la Gripe española de 1918-1920, considerada la más devastadora de la historia humana, por su inusitada gravedad, por cuanto afectó a la mitad de la población mundial (500 millones) y murieron tan solo en los primeros seis meses 25 millones de personas (de 50 a 100 millones cuando terminó). Recuerdo que la primera idea que me vino al pensamiento fue que la humanidad había quedado deprimida y desesperanzada tras la terrible Guerra Mundial que había sufrido (1914-1918). Curiosamente, esta misma idea aparece en el artículo “Breve historia de la inmunología.” en http://www.unidiversidad.com.ar, donde hablando de la Peste de Atenas en 430 a. E. C. se describe “la relación entre el sistema inmune y el estado afectivo del paciente, decayendo "las defensas del hombre" cuando se apoderaba de éste la desesperanza.” Esta seductora idea, sin embargo, pasó de largo, al investigar los datos que sobre la Gripe española seguí descubriendo, donde la mayor morbilidad y mortalidad se produjo en jóvenes y adultos saludables entre 20-40 años, mas que en los niños y ancianos. ¿Cómo es posible esto? ¿Acaso no son los grupos de niños y ancianos los grupos de riesgo que tienen las defensas más bajas? Eso es lo que parece, pero también parece que no son las defensas bajas la respuesta a una gran morbilidad y mortalidad. Sin embargo, la hipersensibilidad del Calor tóxico bien pudiera ser la respuesta, sobre todo, al considerar que uno de los síntomas más importante en la Gripe Española fue la fiebre elevada y en las posteriores investigaciones se concluyó que una “tormenta de citocinas (más de 150 mediadores en la respuesta inflamatoria)” fue la causa de que el virus fuera tan destructor. Además de la pandemia de la Gripe española unos estudios preliminares realizados en Hong Kong indicaron que ésta fue, probablemente, la principal causa de mortalidad durante la epidemia del SARS (Síndrome respiratorio agudo grave) de 2003. Y también, las muertes humanas por causa de la gripe aviar H5N1 y las muertes en México durante la Pandemia de 2009 (Gripe A), conllevaron este padecimiento. De hecho, la tormenta de citocinas se considera  “una expresión sistémica de un sistema inmunitario vigoroso y sano”, pero como su nombre indica, en ciertas situaciones, la reacción (tormenta) se hace incontrolable y peligrosa hacia la extrema gravedad. Por eso, no nos debe extrañar que Wikipedia defina a esta tormenta de citocinas como una respuesta exagerada del sistema inmunitario y que el artículo “Tormenta de citoquina y la pandemia de influenza” por Angela P. Jonson (Consorcio del Noroeste de Ohio para la Salud Pública) reconozca que la tormenta de citocinas es “una respuesta inmune inapropiada (exagerada).” Y que “La tormenta de citoquinas debe tratarse y suprimirse, de lo contrario puede producir letalidad.” No es extraño, por lo tanto que, la MTCH haya consensuado una fórmula fitoterápica milenaria cuya acción es equilibrar la respuesta inmunitaria y enfriar el Calor tóxico y el calor de la sangre.
            Un breve repaso de la sintomatología de algunas de las epidemias más graves en la historia es reveladora del síndrome de Calor tóxico. 


Soldados atenienses aniquilados por la Peste del Peloponeso
Una de las epidemias más devastadoras de la antigüedad fue la Peste de Atenas de 428 a. E.C. Tucídides, en su obra “La guerra de Peloponeso describe: “En general, el individuo ... se veía súbitamente presa de los siguientes síntomas: sentía en primer lugar violento dolor de cabeza; los ojos se volvían rojos e inflamados; la lengua y la faringe asumían aspecto sanguinolento; la respiración se tornaba irregular y el aliento fétido. Se seguían espiros y ronquidos. Poco después el dolor se localizaba en el pecho, acompañándose de tos violenta; cuando atacaba al estomago, provocaba náuseas y vómitos con regurgitación de bilis (...) La mayor parte moria al cabo de 7 a 9 días consumidos por el fuego interior. (...) Y si alguno conseguía superar este periodo y aun le quedaban fuerzas, la diarrea que se imponía a continuación acababan con cualquier esperanza y el enfermo moría sin remisión. Ello significa que aunque la temperatura en la piel no fuera notablemente alta; sin embargo la fiebre interior era tan sentida por el enfermo que no soportaba el taparse; incluso desnudarse era lo deseable. Algunos hasta se arrojaban al agua para lograr algo de alivio. Los pájaros y los animales carnívoros no tocaban los cadáveres a pesar de la infinidad de ellos que permanecían insepultos. Si alguno los tocaba caía muerto".
            La Peste de Siracusa en 396 a. E.C.  se manifestó inicialmente con síntomas respiratorios, fiebre, tumefacción del cuello y dolores costales. Seguidamente aparecían disenteria y erupciónes pustulosas en toda la superficie del cuerpo. Los soldados morían entre el cuarto y sexto día, con ataques de delirio y sufrimientos atroces.
            Galeno, el famoso médico griego del siglo II, considerado uno de los más completos investigadores de la Edad Antigua durante el Imperio Romano, describió los síntomas de la Peste Antonina de 166 E.C. de esta manera: "ardor inflamatorio en los ojos; enrojecimiento ... de la cavidad bucal y de la lengua; aversión a los alimentos; sed inextinguible; temperatura exterior normal, contrastando con la sensación de abrasamento interior; piel enrojecida y húmeda; tos violenta y ronca; signos de flegmasia (edema y dolor severo) laringobronquial; fetidez del aliento; erupciones y fístulas, diarrea, agotamiento físico; gangrenas parciales y separación espontánea de órganos; perturbaciones de las faculdades intelectuales; delirio tranquilo o furioso y muerte entre el séptimo y noveno día".
            La Peste de Cipriano en 251 E.C. descrita por Cipriano, obispo de Cartago "se iniciaba por un fuerte dolor de vientre que agotaba las fuerzas. Los enfermos se quejaban de un insoportable calor interno. Luego se declaraba angina dolorosa; vómitos se acompañaban de dolores en las entrañas; los ojos inyectados de sangre. (...). Unos perdían la audición, y otros la vista.”
            La Peste Justiniana en 542 E.C. comenzaba por una súbita fiebre no de gran intensidad y a los pocos días aparecían unas hinchazones bubónicas en las axilas, detrás de las orejas y en los muslos. Luego unos quedaban sumidos en un coma profundo o en un estado delirante. Sufrían inapetencia y a veces en medio de un violento frenesí, se lanzaban al agua. Algunos morían rápidamente, otros a los pocos días, con pústulas negras que se abrían en los lugares donde tenían las bubas. Algunos vomitaban sangre y algunos se salvaban, sobre todo aquéllos que supuraban por las bubas. Morían de 5.000 a 10.000 personas cada día.
            Podríamos seguir investigando entre las muchas pandemias que sufrió la humanidad durante su historia, pero, para muestra, las que acabamos de presentar, sin duda, describen un cuadro apropiado de los síntomas que hemos descrito al definir el Síndrome de Calor tóxico. Entender bien este síndrome supone tratar una forma alternativa de enfrentarse a las epidemias que asolan a la humanidad.


Bibliografía:

El otro Paradigma. Puente entre técnicas médicas. Lección 1. Félix Irigoyen / Antonio Grau
Editorial Mediterránia (2004)


lunes, 16 de marzo de 2020

La humanidad frente a las grandes pandemias que la asolaron (I)

LAS MEDIDAS PROFILÁCTICAS EN EL ISRAEL BÍBLICO.


Ciertamente, la humanidad se enfrentó temprano con las grandes epidemias a las que se les llamó, desde muy antiguo y genéricamente, “pestes”. Antes que Hipócrates de Cos (siglo V a. E. C.) estableciera las bases de la ciencia médica, se consideraba a éstas como un efecto de la cólera divina, opinión apoyada en la interpretación de textos sagrados y en textos profanos de la antigüedad (Ovidio, Platón, Plutarco, Tito Livio, Plinio). Una opinión generalizada en cuanto a la causa divina se ha deducido de la interpretación del libro sagrado, la Biblia. Sin embargo, conviene hacer una investigación imparcial y objetiva para concluir que eso no es así.
Lo primero que hay que aclarar y reconocer es que, efectivamente, Dios sí que usó la peste como medio de castigo contra sus enemigos. Durante una parte de la historia, Dios tuvo como enemigo suyo a su propio pueblo Israel, que estaba en relación de pacto con él, pero al que abandonó. Notemos en Jeremías 24:10 la denunciación que Dios hizo contra su pueblo: “Y enviaré contra ellos la espada, el hambre y la peste, hasta que desaparezcan de la tierra que les di a ellos y a sus antepasados”’”. Como podemos ver, Dios podía usar la peste como castigo, pero no de manera exclusiva o como efecto de su cólera; también podía usar la espada (la guerra) y el hambre. Esta profecía tuvo su cumplimiento en el siglo VII a. E.C. cuando Dios permitió que la potencia babilónica asolara la tierra de Judá y se llevara al destierro a Babilonia al pueblo de Israel. Es pertinente recordar que los judíos sabían de esta consecuencia si eran infieles a Dios. Él ya les había advertido en la Ley de Moisés lo que les sucedería si se hacían desobedientes: ”Pero, si no escuchas la voz de Jehová tu Dios y no te aseguras de obedecer todos los mandamientos y estatutos de él que te estoy mandando hoy, todas estas maldiciones vendrán sobre ti y te alcanzarán: ... Jehová hará que la enfermedad se pegue a ti hasta que te haya exterminado de la tierra que vas a conquistar. Jehová te castigará con tuberculosis, fiebre alta, inflamación, calor sofocante, espada, viento abrasador y tizón. Todo esto te perseguirá hasta que hayas muerto. ... Jehová te castigará con las úlceras de Egipto y con hemorroides, eccema y erupciones en la piel, enfermedades de las que no podrás ser sanado. Jehová te castigará con locura, ceguera y confusión. ... Jehová te castigará con úlceras dolorosas e incurables en las rodillas y en las piernas, desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza.” (Deuteronomio 28: 15, 21, 22, 27, 28, 35) Como podemos discernir, no todas las enfermedades que se mencionan aquí pueden considerarse infecciosas, pero todas podían tener una morbilidad de categoría epidémica o pandémica, si Dios lo permitía. Pero insisto que Dios no utilizó de manera exclusiva las epidemias como efecto o resorte o único recurso de su disgusto. En cuanto a la manera de corregir Dios a su pueblo, Jeremías, el mismo profeta que Dios utilizó para denunciar a su pueblo, repitió varias veces ésta máxima: “Te disciplinaré hasta el grado debido; [pero] de ninguna manera te dejaré sin castigo”. (Jeremías 30:11; 46:27,28) Dios utiliza la disciplina que mejor conviene a sus siervos, en cada momento y circunstancia.
Sigamos notando un punto más en cuanto a este asunto que nos llevará a un descubrimiento sorprendente en cuanto a la sabiduría que Dios dio a su pueblo para contener las epidemias. Hemos notado, al leer en Deuteronomio que Dios castigaría la desobediencia con “eccema y erupciones en la piel” lo que nos lleva a considerar una enfermedad que en la Biblia se tradujo como “lepra” pero que no necesariamente se identifica con la misma lepra o enfermedad de Hansen que afecta, incluso hoy, al mundo de manera epidémica. 
Posibles infectados de cólera suizos son sometidos a cuarentena a su llegada
a Italia en 1884.
La lepra que la Biblia describe, lo hace, especialmente en Levítico 13 y 14. Esta parte de la Ley se escribió especialmente para los sacerdotes, que eran responsables, no solo del diagnostico preciso de la enfermedad, sino también de su resolución o alta. De hecho, la descripción que da la Biblia en estos dos capítulos de Levítico es un ejemplo sobresaliente de nosología (descripción y clasificación de las enfermedades) y semiología (estudio de los signos y síntomas de la enfermedad) de esta enfermedad y constituye un pequeño tratado de diagnostico diferencial para preparar a los sacerdotes levíticos sobre el diagnóstico correcto. Por lo tanto, los sacerdotes de Israel actuaban como verdaderas Autoridades Sanitarias respecto a este problema (Lucas 17:11-14), que era considerado de orden público, por cuanto que la duda que pudiera suscitar el diagnóstico, imponía a los afectados, una cuarentena obligatoria para evitar su propagación, en caso de que esta fuera infecciosa. Por lo tanto, era imperativo que los sacerdotes levíticos estudiaran  bien esta parte de la Ley para no imponer una cuarentena innecesaria o incluso injusta a ningún prójimo suyo que lo apartaría de su medio social y familiar. Esto, hace 34 siglos, pudiera considerarse un logro sobresaliente, sin parangón, como medida profiláctica o higiénica, que se adelantó en casi 11 siglos a Hipócrates y en 21 siglos a las grandes epidemias de la Edad Media, cuando comenzaron a imponerse. Tengamos en cuenta que cuando se escribió la Ley de Moisés, en 1513 a. E.C. no había ni medios para detectar los agentes patógenos infecciosos ni el conocimiento de la existencia de microbios (Dios sí lo sabía, aunque Moisés no lo supiera). Aun así, la sabiduría que Dios dio a su pueblo Israel se adelantó en 34 siglos a la confirmación de la Teoría Microbiana de la enfermedad, por Robert Koch en 1876, y a Louis Pasteur, quien fue contemporáneo de Koch y el que dio el golpe de gracia a la Generación espontánea como causa de aparición de vida.
Lamentablemente, la generalidad de la humanidad que no ha estado en relación de pacto con Dios, no se ha beneficiado del conocimiento que él reveló al pueblo judío hace 35 siglos mediante el texto sagrado que hoy forma parte de la Biblia. Por lo tanto, la mayoría de las naciones, a través de la historia, han tenido que arreglárselas, como mejor han sabido y aprendido, a la hora de enfrentarse a las enfermedades y sus epidemias. En la próxima entrada hablaré de los recursos que pusieron en práctica para mantener a raya a las epidemias a través de la historia.

Bibliografía:

La Biblia, (Traducción del Nuevo Mundo)
https://www.lavanguardia.com/historiayvida/20200201/473229638796/cuarentena-coronavirus-gripe-contagio.html




miércoles, 2 de octubre de 2019

Historia del ictus III. / Neuroplasticidad


Quizá uno de los descubrimientos más importantes de las últimas décadas en neurología ha sido el de la neuroplasticidad. ¿Qué es la neuroplasticidad? La neuroplasticidad o plasticidad neuronal es la capacidad plástica o la maleabilidad del tejido nervioso para adaptarse a un molde o contingente biológico de naturaleza nerviosa como es el cerebro. El caso es que hasta la década de los sesenta los científicos pensaban que el molde biológico en el cual el tejido nervioso podía adaptarse cual plastilina era, propiamente, el correspondiente a la etapa infantil de aprendizaje; o sea, pensaban que solo en la tierna infancia el cerebro humano era capaz de cambiar su estructura en función del aprendizaje y que en la edad adulta tal estructura era imperturbable y no podía modificarse. Esto, por supuesto, era una barrera en el pensamiento científico y médico a la hora de abordar las patologías nerviosas que producían incapacidad física o mental. Pero con el descubrimiento de la plasticidad neuronal todo este panorama cambió y sus aplicaciones en las lesiones nerviosas e incapacidades físicas producidas por estas, mejoró desde entonces la calidad de vida de muchas personas afectadas por ataques cerebrovasculares y otras lesiones y enfermedades neurológicas.
El descubrimiento de la neuroplasticidad fue, por supuesto, de manera gradual. Suele considerarse que el primer autor en plantear la cuestión de la plasticidad cerebral en un sentido moderno fue James (1890). El psicólogo norteamericano insistió en que surgían rutas específicas en el cerebro por su uso repetido a través de los hábitos conductuales. James pensaba que existía una continuidad anatómica entre los cuerpos neuronales y sus fibras de proyección; carecía del concepto de sinapsis. Fue Santiago Ramón y Cajal, el gran fundador de la neurociencia, a quien debemos las primeras especulaciones en 1894 acerca de que el aprendizaje exige la formación de nuevas conexiones entre neuronas. En aquellos años estaba en pleno auge la polémica entre Golgi y Cajal sobre la interpretación celular del cerebro. Mientras que el fisiólogo italiano (Golgi, 1898) asumía que las neuronas eran estáticas, Cajal sostenía que las neuronas eran entidades dinámicas (Cajal, 1899).
Pasados algunos años, Cajal se mostrará algo más cauto con respecto a la plasticidad cerebral, al escribir que “los caminos nerviosos son algo fijo, concluido, inmutable. Todo puede morir, nada puede ser regenerado” (Cajal, 1913). Pero este comentario no debe oscurecer su enorme contribución a la noción de neuroplasticidad; más bien, obedece a la complicada explicación del fenómeno de regeneración, pero también de degeneración; que también se observaba en los estudios anatómicos del cerebro.
El neurofisiólogo británico Sherrington no sólo introdujo el término “sinapsis” sino que poco después describió sus propiedades (1900, 1906). Sherrington realizó el fundamental descubrimiento de que no todas las acciones sinápticas son excitadoras sino que también las hay inhibidoras. De este descubrimiento derivó el "principio de inervación recíproca" (Cowan y Kandel, 2001), según el cual la excitación refleja de las neuronas motoras que activan un grupo de músculos siempre va acompañada por la inhibición de las neuronas motoras que inervan el grupo antagonista de músculos.
Por las mismas fechas, Langley (1921) aportaba las primeras pruebas concluyentes de que la transmisión sináptica puede ocurrir por medios químicos, en particular, de que la nicotina actuaba directamente sobre las células ganglionares. En esta dirección, Dale, Loewi y Feldberg establecieron que la acetilcolina era un neurotransmisor químico (Cowan y Kandel, p. 19 y ss.), hasta que Eccles, entre las décadas de los años treinta y cuarenta del siglo pasado, estableció en las sinapsis nicotínicas, una acción excitadora rápida inicial mediada eléctricamente por la acción presináptica y una acción residual prolongada por neurotransmisores como la acetilcolina (Eccles, 1936). Frente a la hipótesis eléctrica de Eccles, comenzaba a imponerse la hipótesis de la transmisión química (Kuffler, 1942), zanjándose después la cuestión mediante el reconocimiento de la existencia de ambos tipos de transmisiones. O sea, hoy sabemos que la actividad neurológica funciona simultáneamente mediante potenciales eléctricos entre neuronas, pero también mediante neurotransmisores químicos.
Con el biopsicólogo Hebb (1949) se consolidó el campo de estudio de forma definitiva al operacionalizar la noción de resistencia sináptica y establecer su famoso postulado del aprendizaje, que ponía de manifiesto los cambios sinápticos como consecuencia de la simultánea activación de varias neuronas en un mismo lugar. Dicho postulado se funda en el concepto de ensamblaje celular, según el cual se da un proceso de actividad neuronal que reverbera en un conjunto de "circuitos neuronales cerrados" (Frégnac, 1995). La formulación inicial de Hebb requería la convergencia espacial de una neurona con otra y predecía que un período mantenido de correlación temporal entre la actividad presináptica y la postsináptica llevaría a un incremento en la eficacia de la transmisión sináptica. Esto viene a decir que el uso continuado de uno o varios circuitos neuronales del cerebro potencian la función motora o sensitiva de la zona corporal inervada por dichos circuitos. Por contrario, el desuso de un circuito neuronal sobre una zona del cuerpo debilitará la función de esa zona o su habilidad; incluso se perderá.
En la década de los sesenta el investigador Karl Lashley proporcionó evidencias sobre los cambios en las vías nerviosas de los monos rhesus. Y sobre todo, en esta década, los científicos comenzaron a estudiar la recuperación de los adultos tras un ictus, demostrando, de esta manera lo maleable que era el cerebro para crear nuevos circuitos neuronales que permitían a estos enfermos retomar de nuevo actividades y habilidades que supuestamente habían perdido tras el ictus.
En 1964 la neurocientífica Marian Diamond junto con tres autores más publicaron la primera evidencia sólida de que el cerebro adulto cambia anatómicamente con la experiencia. Diseñaron un experimento criando ratas en tres situaciones: un grupo control o normalizado; otro grupo social con más cantidad de ratas compañeras y un tercer grupo de ratas en condición de aislamiento. La idea era ver si vivir en un entorno con muchos estímulos o en uno de aislamiento generaba diferencias significativas en los cerebros de las ratas. Y así fue; siendo el resultado más importante del estudio las diferencias anatómicas que encontraron entre los cerebros de las ratas en condición social (cerebros más densos y pesados) y de aislamiento (cerebros más atrofiados). Este artículo supuso un cambio de paradigma hacia la idea de un cerebro cambiante, adaptativo, plástico, que es con  el que operamos hoy.
Como anécdota; en 1985, Marian Diamond publicó un estudio sobre el cerebro de Albert Einstein. En el trabajo había analizado varias muestras del cerebro del físico alemán y las comparó con muestras similares sacadas de cerebros control. El resultado fue que en el cerebro de Albert Einstein la cantidad de células gliales; células de soporte de las neuronas; era superior a lo normal en algunas de las áreas estudiadas. Es evidente que el cerebro de Einstein no fue siempre así; pero fue configurándose de esta manera a medida que le daba el sesudo uso que hizo de él.
Actualmente la neurogénesis o formación de nuevas neuronas ocurre durante la embriogénesis de todos los animales; o sea, desde el mismo principio de la concepción y es responsable de producir todas las neuronas del organismo. Sin embargo, hoy sabemos que también existe una neurogénesis adulta que se ha demostrado recientemente. Se produce a partir de células madre procedentes del giro dentado del hipocampo y de los ventrículos laterales; estas últimas migran hasta integrarse en el bulbo olfatorio. Existe evidencia de que la neurogénesis adulta interviene tanto en el aprendizaje como en la formación de la memoria y que la actividad física así como el ejercicio incrementan el número de neuronas recien nacidas en el hipocampo. También es muy interesante que la neurogénesis adulta ocurre tras patologías neurológicas agudas como el ataque epiléptico, la meningitis bacteriana y la isquemia cerebral y por tanto, el ictus. Podríamos decir, por lo tanto, que la neurogénesis adulta es un fenómeno de producción de nuevas neuronas, así como un fenómeno compensatorio por la pérdida natural de neuronas, así como la pérdida de ellas por patologías neurológicas.
Y de otro lado, también se ha encontrado evidencia de la neuroregeneración que es la capacidad del sistema nervioso por arreglar o regenerar aquellas neuronas defectuosas o lesionadas. Por ejemplo, la acción del neurotransmisor acetilcolina sobre celulas madre neurales está permitiendo que señales procedentes de éstas incrementen los neuroblastos y, por lo tanto, la neurogénesis de nuevas celulas nerviosas. Este sería un ejemplo de cómo funciona la hipótesis química. Por otra parte, la hipótesis eléctrica también está dando sus resultados puesto que tratamientos basados en impulsos eléctricos están dando buenos resultados en tratamientos con el parkinson.

Unidad de Fisioterápia del Hospital de Elda (Alicante)
De hecho, no tenemos que llegar a descubrimientos ni explicaciones complejos, para explicar lo que es evidente. Me refiero a los buenos resultados de iniciar lo más rápidamente posible una rehabilitación efectiva con la simple fisioterápia. Y aquí quiero hacer un inciso para agradecer el trabajo hercúleo, casi titánico, que los equipos de rehabilitación de los diferentes hospitales y clínicas hacen con los lesionados neurológicos cada día. Mi recuerdo especial para el equipo de rehabilitación del Hospital Universitario Virgen de la Salud de Elda (Alicante) y en especial a mi fisioterapeuta, Chelo, que me ayudó con su cualificada profesionalidad en mi recuperación del ictus durante el primer trimestre de este año 2019. Mis gracias por su ayuda y dedicación y mi respeto sincero para todos estos magníficos profesionales. Lo que más me conmovió cuando los vi trabajar en el gimnasio de rehabilitación del hospital fue el trato cariñoso y la paciencia que mostraban con las personas mayores, especialmente, con las abuelitas, a las que tanto les costaba hacer los ejercicios, pero que ellas, con delicadeza y trato exquisito, continuaban animándolas para que no desfallecieran. Tienen un mérito extraordinario. Sin duda, el concepto de neuroplasticidad en manos de estos profesionales ha podido lograr maravillas en la recuperación de muchas personas.





BIBLIOGRAFÍA: 

jueves, 19 de septiembre de 2019

Historia del ictus II / Neuroradiología

La neuroradiologia inicia su desarrollo con el descubrimiento de los rayos X por el físico alemán Wilhelm Röntgen en 1895. El desarrollo de la neuroimagen sería puntual y por ello podemos dividirlo en etapas.
La Primera Etapa la podemos situar entre 1896 y 1918 E.C. En estos momentos solo se contaba con la radiografía simple y con los conocimientos de la fisiología general. Algunas personas destacan en esta etapa, siendo el neuro-psiquiátra Arthur Schuller; considerado el padre de la neuroradiología, que dio sus primeras aportaciones describiendo las lesiones calcificadas de la glándula pineal y asociándolas con sus enfermedades respectivas. En este tiempo, el Dr. Furnrohn escribió el primer libro de neuroradiología titulado “La primera aplicación de los rayos X en neurología”. Por otra parte, el Dr. Lucket fue el primero en observar y describir a un paciente con neumoencefalografía traumática por rotura del seno frontal. También, en 1913 fue el primero en demostrar radiográficamente la existencia de aire intracraneal con significación anormal.
En la Segunda Etapa, a partir de 1918, se inicia con la descripción por el neurocirujano Walter Dandy ayudado por el Dr. Halstead, de la neumoencefalografía que consiste en la replección con aire o gas, por vía lumbar al canal raquídeo o los ventrículos cerebrales, lo que permite un mejor contraste y una mejor definición en la visualización de los espacios por donde circula el líquido cefaloraquideo. En 1925, Sicard y Forestier describen la mielografía con lipiodol (una forma de aceite de amapola), que es una forma de radiografía llamada fluoroscopia donde se inyecta material de contraste para evaluar la médula espinal, las raíces de los nervios y las meninges.
En la Tercera Etapa, el psiquiatra y neurocirujano portugues Egas Moniz escribe su trabajo “La encefalografía arterial” donde se ve su importancia en el diagnostico de los tumores cerebrales. Otros médicos aportan en esta etapa su contribución a los medios de contraste intravenosos, mejorando los resultados y disminuyendo la morbilidad y mortalidad de las exploraciones. Ésta es la etapa que más se prolongó llegando hasta 1972.
Con la 4ª Etapa, en 1972 se inicia ya propiamente la era del “diagnostico por la imagen”, queriendo decir, la imagen directa sin medios de contraste. Godfrey Hounsfield, el ingeniero electrónico inglés inicia sus estudios en los laboratorios EMI Hayes Middlesex de Londres en 1967 donde diseñó el primer prototipo de scanner, obteniendo con el Dr.  James Ambrese la visualización del sistema ventricular del cerebro sin ningún contrase por primera vez en la historia.
En morado, core o nucleo del ictus. En amarillo, penumbra isquémica,
o perfusión sanguinea reducida y riesgo de insuficiencia
de oxigeno. En naranja, región de oligoemia beningna, tejido cerebral leve-
mente hipoperfundido sin riesgo irreversible.
Fue en el año 1973 cuando se instaló el primer EMI scanner en Estados Unidos, proliferando desde entonces los scanneres instalados por todo el mundo y debido a su rápido desarrollo los scanneres EMI fueron evolucionando hacia llegar al TAC (Tomografía Axial computarizada).
Precisamente en el año 1979  se otorgó el premio Nobel a Hounsfield compartiéndolo con el biofísico Mc Leod Cormack, por el desarrollo y descubrimiento de la Tomografía Axial computarizada.
Finalmente, llegamos a la 5ª Etapa con la aparición de la Resonancia Magnética en 1982. Esta etapa tuvo su germen más de 30 años antes cuando en 1946, los físicos Bloch y Purcell descubrieron que en ciertas circunstancias los núcleos de los átomos producen señales de radiofrecuencia; descubrimiento por los que se les otorgó el premio nobel en 1952.
En 1971, el médico estadounidense Raymond Vahan Damadian propuso el escáner  corporal mediante resonancia magnética (RM) y en 1969 descubrió que la RM era capaz de distinguir in vivo la diferencia entre tejido normal y tejido tumoral y fue el primero en hacer un escaneo completo de un cuerpo humano para diagnosticar el cancer, en 1977.
En 1973, el químico estadounidense Paul C. Lauterbur pudo obtener imágenes de finos tubos capilares mediante RM.
En 1981, Moore y Hinshaw de la universidad de Nottingham describieron el método de la RM como útil para el estudio hepático y a finales de 1982 unos dos mil pacientes fueron explorados por este método.
En España, la neuroradiología tuvo su lógica evoluvión al compás de la mundial y en 1928 se realizó la primera angiofrafía en el Instituto Policlínico de Barcelona por el Dr. Ferrán Martorell Otzet
También ha hubo neurorradiólogos sobresalientes como los doctores Solé Llenas, el Dr Rovira, el Dr. Ignacio Pasual Castro Viejo, que potenciaron la neuroradiología pediátrica en el Hospital de la Paz  a finales de los sesenta y en 1970 se constituyó la Sociedad Española de Neuroradiología.
La angiografía junto a a la neumoencefalografía y la radiografía simple fueron los únicos métodos diagnósticos en neurología hasta el año 1976 en que comenzaron a instalarse los primeros tomógrafos axiales computerizados, lo que supuso toda una revolución. En aquel momento significo “el todo” a pesar de que las imágenes estaban llenas de grano y con poca calidad. Aun así, España ha seguido modernizando sus equipos hasta la actualidad con la T.A.C. helicoidal y en el año 1989 comenzando a implantar las RM en todos los hospitales, permitiendo a partir de su implantación y por su propiedad multiplanar diagnosticar una serie de enfermedades hasta ese momento vedadas para la neurología así como la exploración de zonas de difícil acceso como la región hipotálamo-hipofisiaria, los vasos cerebrales y la médula espinal.
Parece que los neurorradiólogos actuales están de acuerdo en que la RM ha venido para quedarse y que será el futuro, puesto que sus esperanzas en el Eco planar permitira estudios en milésimas de segundos, así como estudios funcionales de las áreas motoras y visuales. También acortará sensiblemente la exploración para la obtención de la angiografía por RM. Y es importante subrayar que, junto a la evolución en la técnica de la neuroimagen, el perfeccionamiento de los medios de contraste, de los catéteres, así como la formación del personal, han sido cruciales para el desarrolllo de la neuroradiología.
Pero, como sucede en muchos casos, las ideas preconcebidas en ciencia, muchas veces entorpecen su avance. La neurología no ha sido la excepción y las limitaciones que puso la ciencia neurológica a las posibilidades de recuperación del cerebro, durante muchas décadas, estorbó su desarrollo. Menos mal que, finalmente se descubrió una idea brillante; la neuroplasticidad del cerebro que derivó en nuevas posibilidades terapéuticas. Con este tema finalizaremos la historia del ictus, en la siguiente entrada del blog.