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miércoles, 2 de octubre de 2019

Historia del ictus III. / Neuroplasticidad


Quizá uno de los descubrimientos más importantes de las últimas décadas en neurología ha sido el de la neuroplasticidad. ¿Qué es la neuroplasticidad? La neuroplasticidad o plasticidad neuronal es la capacidad plástica o la maleabilidad del tejido nervioso para adaptarse a un molde o contingente biológico de naturaleza nerviosa como es el cerebro. El caso es que hasta la década de los sesenta los científicos pensaban que el molde biológico en el cual el tejido nervioso podía adaptarse cual plastilina era, propiamente, el correspondiente a la etapa infantil de aprendizaje; o sea, pensaban que solo en la tierna infancia el cerebro humano era capaz de cambiar su estructura en función del aprendizaje y que en la edad adulta tal estructura era imperturbable y no podía modificarse. Esto, por supuesto, era una barrera en el pensamiento científico y médico a la hora de abordar las patologías nerviosas que producían incapacidad física o mental. Pero con el descubrimiento de la plasticidad neuronal todo este panorama cambió y sus aplicaciones en las lesiones nerviosas e incapacidades físicas producidas por estas, mejoró desde entonces la calidad de vida de muchas personas afectadas por ataques cerebrovasculares y otras lesiones y enfermedades neurológicas.
El descubrimiento de la neuroplasticidad fue, por supuesto, de manera gradual. Suele considerarse que el primer autor en plantear la cuestión de la plasticidad cerebral en un sentido moderno fue James (1890). El psicólogo norteamericano insistió en que surgían rutas específicas en el cerebro por su uso repetido a través de los hábitos conductuales. James pensaba que existía una continuidad anatómica entre los cuerpos neuronales y sus fibras de proyección; carecía del concepto de sinapsis. Fue Santiago Ramón y Cajal, el gran fundador de la neurociencia, a quien debemos las primeras especulaciones en 1894 acerca de que el aprendizaje exige la formación de nuevas conexiones entre neuronas. En aquellos años estaba en pleno auge la polémica entre Golgi y Cajal sobre la interpretación celular del cerebro. Mientras que el fisiólogo italiano (Golgi, 1898) asumía que las neuronas eran estáticas, Cajal sostenía que las neuronas eran entidades dinámicas (Cajal, 1899).
Pasados algunos años, Cajal se mostrará algo más cauto con respecto a la plasticidad cerebral, al escribir que “los caminos nerviosos son algo fijo, concluido, inmutable. Todo puede morir, nada puede ser regenerado” (Cajal, 1913). Pero este comentario no debe oscurecer su enorme contribución a la noción de neuroplasticidad; más bien, obedece a la complicada explicación del fenómeno de regeneración, pero también de degeneración; que también se observaba en los estudios anatómicos del cerebro.
El neurofisiólogo británico Sherrington no sólo introdujo el término “sinapsis” sino que poco después describió sus propiedades (1900, 1906). Sherrington realizó el fundamental descubrimiento de que no todas las acciones sinápticas son excitadoras sino que también las hay inhibidoras. De este descubrimiento derivó el "principio de inervación recíproca" (Cowan y Kandel, 2001), según el cual la excitación refleja de las neuronas motoras que activan un grupo de músculos siempre va acompañada por la inhibición de las neuronas motoras que inervan el grupo antagonista de músculos.
Por las mismas fechas, Langley (1921) aportaba las primeras pruebas concluyentes de que la transmisión sináptica puede ocurrir por medios químicos, en particular, de que la nicotina actuaba directamente sobre las células ganglionares. En esta dirección, Dale, Loewi y Feldberg establecieron que la acetilcolina era un neurotransmisor químico (Cowan y Kandel, p. 19 y ss.), hasta que Eccles, entre las décadas de los años treinta y cuarenta del siglo pasado, estableció en las sinapsis nicotínicas, una acción excitadora rápida inicial mediada eléctricamente por la acción presináptica y una acción residual prolongada por neurotransmisores como la acetilcolina (Eccles, 1936). Frente a la hipótesis eléctrica de Eccles, comenzaba a imponerse la hipótesis de la transmisión química (Kuffler, 1942), zanjándose después la cuestión mediante el reconocimiento de la existencia de ambos tipos de transmisiones. O sea, hoy sabemos que la actividad neurológica funciona simultáneamente mediante potenciales eléctricos entre neuronas, pero también mediante neurotransmisores químicos.
Con el biopsicólogo Hebb (1949) se consolidó el campo de estudio de forma definitiva al operacionalizar la noción de resistencia sináptica y establecer su famoso postulado del aprendizaje, que ponía de manifiesto los cambios sinápticos como consecuencia de la simultánea activación de varias neuronas en un mismo lugar. Dicho postulado se funda en el concepto de ensamblaje celular, según el cual se da un proceso de actividad neuronal que reverbera en un conjunto de "circuitos neuronales cerrados" (Frégnac, 1995). La formulación inicial de Hebb requería la convergencia espacial de una neurona con otra y predecía que un período mantenido de correlación temporal entre la actividad presináptica y la postsináptica llevaría a un incremento en la eficacia de la transmisión sináptica. Esto viene a decir que el uso continuado de uno o varios circuitos neuronales del cerebro potencian la función motora o sensitiva de la zona corporal inervada por dichos circuitos. Por contrario, el desuso de un circuito neuronal sobre una zona del cuerpo debilitará la función de esa zona o su habilidad; incluso se perderá.
En la década de los sesenta el investigador Karl Lashley proporcionó evidencias sobre los cambios en las vías nerviosas de los monos rhesus. Y sobre todo, en esta década, los científicos comenzaron a estudiar la recuperación de los adultos tras un ictus, demostrando, de esta manera lo maleable que era el cerebro para crear nuevos circuitos neuronales que permitían a estos enfermos retomar de nuevo actividades y habilidades que supuestamente habían perdido tras el ictus.
En 1964 la neurocientífica Marian Diamond junto con tres autores más publicaron la primera evidencia sólida de que el cerebro adulto cambia anatómicamente con la experiencia. Diseñaron un experimento criando ratas en tres situaciones: un grupo control o normalizado; otro grupo social con más cantidad de ratas compañeras y un tercer grupo de ratas en condición de aislamiento. La idea era ver si vivir en un entorno con muchos estímulos o en uno de aislamiento generaba diferencias significativas en los cerebros de las ratas. Y así fue; siendo el resultado más importante del estudio las diferencias anatómicas que encontraron entre los cerebros de las ratas en condición social (cerebros más densos y pesados) y de aislamiento (cerebros más atrofiados). Este artículo supuso un cambio de paradigma hacia la idea de un cerebro cambiante, adaptativo, plástico, que es con  el que operamos hoy.
Como anécdota; en 1985, Marian Diamond publicó un estudio sobre el cerebro de Albert Einstein. En el trabajo había analizado varias muestras del cerebro del físico alemán y las comparó con muestras similares sacadas de cerebros control. El resultado fue que en el cerebro de Albert Einstein la cantidad de células gliales; células de soporte de las neuronas; era superior a lo normal en algunas de las áreas estudiadas. Es evidente que el cerebro de Einstein no fue siempre así; pero fue configurándose de esta manera a medida que le daba el sesudo uso que hizo de él.
Actualmente la neurogénesis o formación de nuevas neuronas ocurre durante la embriogénesis de todos los animales; o sea, desde el mismo principio de la concepción y es responsable de producir todas las neuronas del organismo. Sin embargo, hoy sabemos que también existe una neurogénesis adulta que se ha demostrado recientemente. Se produce a partir de células madre procedentes del giro dentado del hipocampo y de los ventrículos laterales; estas últimas migran hasta integrarse en el bulbo olfatorio. Existe evidencia de que la neurogénesis adulta interviene tanto en el aprendizaje como en la formación de la memoria y que la actividad física así como el ejercicio incrementan el número de neuronas recien nacidas en el hipocampo. También es muy interesante que la neurogénesis adulta ocurre tras patologías neurológicas agudas como el ataque epiléptico, la meningitis bacteriana y la isquemia cerebral y por tanto, el ictus. Podríamos decir, por lo tanto, que la neurogénesis adulta es un fenómeno de producción de nuevas neuronas, así como un fenómeno compensatorio por la pérdida natural de neuronas, así como la pérdida de ellas por patologías neurológicas.
Y de otro lado, también se ha encontrado evidencia de la neuroregeneración que es la capacidad del sistema nervioso por arreglar o regenerar aquellas neuronas defectuosas o lesionadas. Por ejemplo, la acción del neurotransmisor acetilcolina sobre celulas madre neurales está permitiendo que señales procedentes de éstas incrementen los neuroblastos y, por lo tanto, la neurogénesis de nuevas celulas nerviosas. Este sería un ejemplo de cómo funciona la hipótesis química. Por otra parte, la hipótesis eléctrica también está dando sus resultados puesto que tratamientos basados en impulsos eléctricos están dando buenos resultados en tratamientos con el parkinson.

Unidad de Fisioterápia del Hospital de Elda (Alicante)
De hecho, no tenemos que llegar a descubrimientos ni explicaciones complejos, para explicar lo que es evidente. Me refiero a los buenos resultados de iniciar lo más rápidamente posible una rehabilitación efectiva con la simple fisioterápia. Y aquí quiero hacer un inciso para agradecer el trabajo hercúleo, casi titánico, que los equipos de rehabilitación de los diferentes hospitales y clínicas hacen con los lesionados neurológicos cada día. Mi recuerdo especial para el equipo de rehabilitación del Hospital Universitario Virgen de la Salud de Elda (Alicante) y en especial a mi fisioterapeuta, Chelo, que me ayudó con su cualificada profesionalidad en mi recuperación del ictus durante el primer trimestre de este año 2019. Mis gracias por su ayuda y dedicación y mi respeto sincero para todos estos magníficos profesionales. Lo que más me conmovió cuando los vi trabajar en el gimnasio de rehabilitación del hospital fue el trato cariñoso y la paciencia que mostraban con las personas mayores, especialmente, con las abuelitas, a las que tanto les costaba hacer los ejercicios, pero que ellas, con delicadeza y trato exquisito, continuaban animándolas para que no desfallecieran. Tienen un mérito extraordinario. Sin duda, el concepto de neuroplasticidad en manos de estos profesionales ha podido lograr maravillas en la recuperación de muchas personas.





BIBLIOGRAFÍA: 

jueves, 19 de septiembre de 2019

Historia del ictus II / Neuroradiología

La neuroradiologia inicia su desarrollo con el descubrimiento de los rayos X por el físico alemán Wilhelm Röntgen en 1895. El desarrollo de la neuroimagen sería puntual y por ello podemos dividirlo en etapas.
La Primera Etapa la podemos situar entre 1896 y 1918 E.C. En estos momentos solo se contaba con la radiografía simple y con los conocimientos de la fisiología general. Algunas personas destacan en esta etapa, siendo el neuro-psiquiátra Arthur Schuller; considerado el padre de la neuroradiología, que dio sus primeras aportaciones describiendo las lesiones calcificadas de la glándula pineal y asociándolas con sus enfermedades respectivas. En este tiempo, el Dr. Furnrohn escribió el primer libro de neuroradiología titulado “La primera aplicación de los rayos X en neurología”. Por otra parte, el Dr. Lucket fue el primero en observar y describir a un paciente con neumoencefalografía traumática por rotura del seno frontal. También, en 1913 fue el primero en demostrar radiográficamente la existencia de aire intracraneal con significación anormal.
En la Segunda Etapa, a partir de 1918, se inicia con la descripción por el neurocirujano Walter Dandy ayudado por el Dr. Halstead, de la neumoencefalografía que consiste en la replección con aire o gas, por vía lumbar al canal raquídeo o los ventrículos cerebrales, lo que permite un mejor contraste y una mejor definición en la visualización de los espacios por donde circula el líquido cefaloraquideo. En 1925, Sicard y Forestier describen la mielografía con lipiodol (una forma de aceite de amapola), que es una forma de radiografía llamada fluoroscopia donde se inyecta material de contraste para evaluar la médula espinal, las raíces de los nervios y las meninges.
En la Tercera Etapa, el psiquiatra y neurocirujano portugues Egas Moniz escribe su trabajo “La encefalografía arterial” donde se ve su importancia en el diagnostico de los tumores cerebrales. Otros médicos aportan en esta etapa su contribución a los medios de contraste intravenosos, mejorando los resultados y disminuyendo la morbilidad y mortalidad de las exploraciones. Ésta es la etapa que más se prolongó llegando hasta 1972.
Con la 4ª Etapa, en 1972 se inicia ya propiamente la era del “diagnostico por la imagen”, queriendo decir, la imagen directa sin medios de contraste. Godfrey Hounsfield, el ingeniero electrónico inglés inicia sus estudios en los laboratorios EMI Hayes Middlesex de Londres en 1967 donde diseñó el primer prototipo de scanner, obteniendo con el Dr.  James Ambrese la visualización del sistema ventricular del cerebro sin ningún contrase por primera vez en la historia.
En morado, core o nucleo del ictus. En amarillo, penumbra isquémica,
o perfusión sanguinea reducida y riesgo de insuficiencia
de oxigeno. En naranja, región de oligoemia beningna, tejido cerebral leve-
mente hipoperfundido sin riesgo irreversible.
Fue en el año 1973 cuando se instaló el primer EMI scanner en Estados Unidos, proliferando desde entonces los scanneres instalados por todo el mundo y debido a su rápido desarrollo los scanneres EMI fueron evolucionando hacia llegar al TAC (Tomografía Axial computarizada).
Precisamente en el año 1979  se otorgó el premio Nobel a Hounsfield compartiéndolo con el biofísico Mc Leod Cormack, por el desarrollo y descubrimiento de la Tomografía Axial computarizada.
Finalmente, llegamos a la 5ª Etapa con la aparición de la Resonancia Magnética en 1982. Esta etapa tuvo su germen más de 30 años antes cuando en 1946, los físicos Bloch y Purcell descubrieron que en ciertas circunstancias los núcleos de los átomos producen señales de radiofrecuencia; descubrimiento por los que se les otorgó el premio nobel en 1952.
En 1971, el médico estadounidense Raymond Vahan Damadian propuso el escáner  corporal mediante resonancia magnética (RM) y en 1969 descubrió que la RM era capaz de distinguir in vivo la diferencia entre tejido normal y tejido tumoral y fue el primero en hacer un escaneo completo de un cuerpo humano para diagnosticar el cancer, en 1977.
En 1973, el químico estadounidense Paul C. Lauterbur pudo obtener imágenes de finos tubos capilares mediante RM.
En 1981, Moore y Hinshaw de la universidad de Nottingham describieron el método de la RM como útil para el estudio hepático y a finales de 1982 unos dos mil pacientes fueron explorados por este método.
En España, la neuroradiología tuvo su lógica evoluvión al compás de la mundial y en 1928 se realizó la primera angiofrafía en el Instituto Policlínico de Barcelona por el Dr. Ferrán Martorell Otzet
También ha hubo neurorradiólogos sobresalientes como los doctores Solé Llenas, el Dr Rovira, el Dr. Ignacio Pasual Castro Viejo, que potenciaron la neuroradiología pediátrica en el Hospital de la Paz  a finales de los sesenta y en 1970 se constituyó la Sociedad Española de Neuroradiología.
La angiografía junto a a la neumoencefalografía y la radiografía simple fueron los únicos métodos diagnósticos en neurología hasta el año 1976 en que comenzaron a instalarse los primeros tomógrafos axiales computerizados, lo que supuso toda una revolución. En aquel momento significo “el todo” a pesar de que las imágenes estaban llenas de grano y con poca calidad. Aun así, España ha seguido modernizando sus equipos hasta la actualidad con la T.A.C. helicoidal y en el año 1989 comenzando a implantar las RM en todos los hospitales, permitiendo a partir de su implantación y por su propiedad multiplanar diagnosticar una serie de enfermedades hasta ese momento vedadas para la neurología así como la exploración de zonas de difícil acceso como la región hipotálamo-hipofisiaria, los vasos cerebrales y la médula espinal.
Parece que los neurorradiólogos actuales están de acuerdo en que la RM ha venido para quedarse y que será el futuro, puesto que sus esperanzas en el Eco planar permitira estudios en milésimas de segundos, así como estudios funcionales de las áreas motoras y visuales. También acortará sensiblemente la exploración para la obtención de la angiografía por RM. Y es importante subrayar que, junto a la evolución en la técnica de la neuroimagen, el perfeccionamiento de los medios de contraste, de los catéteres, así como la formación del personal, han sido cruciales para el desarrolllo de la neuroradiología.
Pero, como sucede en muchos casos, las ideas preconcebidas en ciencia, muchas veces entorpecen su avance. La neurología no ha sido la excepción y las limitaciones que puso la ciencia neurológica a las posibilidades de recuperación del cerebro, durante muchas décadas, estorbó su desarrollo. Menos mal que, finalmente se descubrió una idea brillante; la neuroplasticidad del cerebro que derivó en nuevas posibilidades terapéuticas. Con este tema finalizaremos la historia del ictus, en la siguiente entrada del blog.


martes, 6 de agosto de 2019

Historia del ictus I

El 24.12.18 es una fecha que no podré olvidar nunca. La mañana de ese día, como a las 9.30 horas, estando trabajando frente al ordenador; de repente, en un punto muy preciso en el centro de mi cabeza se instauró un pequeño dolor; un dolor que iba in crescendo por décimas de segundo y que acaparó toda mi atención. Me quedé parado, sentado como estaba, solo pendiente del dolor y del aumento de su intensidad. Como al minuto, el dolor puntual en el centro de mi cerebro cesó repentinamente. Meditando en lo que había pasado; como al medio minuto, mi cuerpo erguido se fue de su eje hacia la izquierda sin control alguno y aterricé sobre el suelo plano, con un leve golpe en la cabeza. Menos mal que no estaba alrededor de ningún mueble ni otra cosa con esquinas puntiagudas con las que pudiera haberme golpeado con mayor peligro. Lo primero que aprecié una vez en el suelo fue la vívida lucidez de mi conciencia; no la había perdido ni por un instante. Le di las gracias a Dios aunque de lo que sí me di cuenta es de que no podía mover ni mi brazo ni mi pierna izquierdas. No podía subirme de nuevo a la silla ni tampoco al sofa. Estaba de espaldas contra el suelo pero no tenía frío porque estaba vestido con el pijama y el batín. Así estuve hasta que vino mi esposa al mediodía. Enseguida me llevaron al hospital con ambulancia y allí se me hizo una resonacia magnética que determinó un derrame cerebral pequeño de etiología hipertensiva.
A las dos semanas, una vez fuera del hospital fue cuando se me ocurrió que una entrada de mi blog se dedicaría a repasar la historia del ictus; que es lo que os ofrezco a continuación.
Comencemos hablando de la afasia que es la dificultad para la comunicación mediante el habla. Hablamos de ella por la frecuencia con que se da después de los ictus o traumatismos craneales y también, sobre todo porque las primeras referencias del fenómeno afásico proviene de los papiros de Edwin Smith quien los descubrió en 1862, en la ciudad de Luxor (Egipto). Estos papiros datan alrededor del 1700 a. E.C. y contienen la descripción de 48 pacientes con daños físicos. De estos, 27 presentaban trauma de cabeza y fractura de cráneo; por eso es probable que los restantes 21 pacientes sin trauma craneal se correspondan con un ictus o ACV (“ataque cerebrovascular”) de carácter isquémico o hemorrágico. Por supuesto, aunque de estos, los médicos egipcios no pudieran explicar una etiología o causa que explicara su afasia, la descripción del papiro de Edwin Smith es relevante por evidenciar la existencia del ictus hace más de 3700 años.

"La leona herida",
Bajo relieve asirio del palacio de Asurbanipal en Nínive, siglo VII a. E. C.
Incluso, en el bajorrelieve asírio del conocido como “la leona herida” algunos autores han querido interpretar que los sumerios quisieron ilustrar la paraplejia de esta leona cuya médula espinal había sido atravesado por flechas, paralizando completamente sus extremidades traseras en contraste con la tensión muscular y la fuerza de la parte superior de su cuerpo.

De esta descripción damos un salto de más de un siglo hacia adelante y nos situamos en la antigua Grecia donde el “padre de la medicina” Hipócrates de Cos es el primero en describir el ictus al que denominó “apoplejía” que en griego significa “golpe súbito”. Hipócrates que vivió entre los siglos IV y V a. E. C.  presentó la apoplejía como el desequilibrio de los cuatro humores del cuerpo: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra, pero sin precisar su etiología o causa, por lo que en ningún momento Hipócrates relacionó la apoplejía con un efecto sobre el cerebro; en algún momento sí llegó a considerar como causa próxima de la apoplejía la suspensión circulatoria del espíritu vital en las venas. También llegó a describir como apopléjicos a los que en plena salud son acometidos de dolores de cabeza y caen privados repentinamente de la palabra, con respiración estertorosa, de lo que Arquijenes (siglos I-II E.C.) también toma buena nota y la amplía también a la persistencia de la circulación en el apopléjico.


El relevo de Hipócrates lo toma, como no; Galeno (siglos I-II E.C.), considerado uno de los más completos investigadores de la Edad Antigua, quien descubrió las diferencias extructurales entre venas y arterias y  demostró que por las arterias circulaba sangre y no aire como se pensaba hasta entonces.  Atribúyó la apoplejía a diversas causas lejanas que producen la detención de la fuerza vital, tales como el aflujo de la sangre, y el acumulo súbito de un humor pituitoso en los ventrículos. Las obras de Galeno contienen numerosas referencias a la apoplejía, incluyéndose descripciones de sus síntomas y signos, como, por ejemplo, cuando dice: “Cuando todos los nervios, además de los  sentidos, además del movimiento, se pierdan, la afección se llama apoplejía.” De acuerdo con sus teorías, los espíritus vitales (pneuma vital), formados en el corazón y transportados al cerebro a través de la sangre, se transformaban en la rete mirabile; plexo arterial que identificaba la base del cerebro. Allí se producía el pneuma animal, que pasaba a los ventrículos, a la médula y a los nervios motores y sensitivos.
Vemos pues que, a diferencia de Hipócrates, Galeno sí relacionó la apoplejía con el cerebro  y lo hizo en su obra “De locis affectis”.
Es muy importante el reconocimiento que Galeno hace de la red vascular en la base del cerebro, a la que él acuña como la “rete mirabile” del latín “red maravilosa, y el rol que este le asignaba a esta estructura en la fisiología para explorar los orígenes de la concepción de la apoplejía como una enfermedad vascular.
Durante la Edad Media y el Renacimiento poco se añadió a la descripción y concepto de apoplejía, y las doctrinas de Galeno conformaron la base de la medicina de estos periodos; si bien el médico árabe Avicena (siglos X-XI E.C.) explica la apoplejía por la paralización de los espíritus sensitivos y motores como causa próxima, siendo sus causas lejanas lesiones diversas del cerebro, los obstáculos materiales a la circulación, y sobre todo la obstrucción de los vasos (algo que ya nos resulta más familiar en nuestro tiempo). Además y muy importante es que a partir del Renacimiento (siglo XV) la disección en cadaveres humanos se hizo universal a todos los médicos de occidente pues se logró que las prohibiciones religiosas sobre el tema desaparecieran y se hiciera posible un avance extraordinario de la anatomía patológica y de la medicina forense, y por tanto, también de la anatomía del sistema nervioso y su fisiología.
Las ideas de Galeno reinaron en la ciencia hasta el último tercio del siglo XVIII, en cuyo tiempo se considera ya como condición mecánica del estado apopléjico la compresión del cerebro apreciada en su justo valor por Bayle, F. Hoffmann, Pinel, Burdach, etc.

Polígono de Willis que muestra la anastomosis natural
que permite la irrigación de los dos hemisferios cerebrales.
A mediados del siglo XVII fue clave el patólogo suizo Jacob Wepfer quien se dio cuenta a partir de sus estudios postmortem de que los pacientes que morían de derrame cerebral tenían una hemorragia de sangre extravenosa en el encéfalo. En 1658 publicó la primera monografía dedicada al estudio de la apoplejía. Wepfer es recordado por su trabajo relacionado con la anatomía vascular del cerebro y el estudio de la enfermedad cerebro-vascular. Fue el que  estableció por vez primera una relación causa-efecto entre una hemorragia intracraneal y el cuadro clínico apoplético. Y en menos de veinte años (1676) el médico inglés Thomas Willis publicó su “Patología Cerebral”, removiendo el cerebro del craneo y permitiendo de esa manera conocer la irrigación cerebral gracias al descubrimiento de su famoso Polígono de Willis. Entretanto Wepfer anotó acertadamente a la carótida interna como la única rama que se adentraba en el cráneo y su consiguiente subdivisión en ramas más pequeñas para la irrigación del cerebro. De esta manera se refutó definitivamente la existencia de la la rete mirabile en el hombre – en el cerdo sí existe-, aunque Wepfer mantuvo la explicación del espíritu animal como fuente animadora del sistema nervioso, deduciendo la interrupción de este por la obstrucción de las grandes arterias cervicales. A partir de estudios postmortem, proporcionó información sobre las arterias carótidas y vertebrales que suministran sangre al cerebro. En 1658 publicó un clásico tratado sobre los accidentes cerebrovasculares, titulado Historiae apoplecticorum . Desde 2005, un premio anual para la investigación del accidente cerebrovascular, que lleva el nombre de Wepfer, se otorga en la Conferencia Europea sobre el accidente cerebrovascular.
El progreso de la  anatomía patológica fue demostrando como causas orgánicas de la apoplejía, la hemorragia cerebral, evidenciada sobre todo por las investigaciones de Morgagni, el derrame seroso, los abscesos cerebrales, las concreciones poliposas de los vasos del cerebro y de las meninges, los tumores varicosos y aneurismáticos, etc.
Hasta llegó a descubrirse una apoplejía que parecía sobrevenir sin lesión cerebral previa, que Cortum (1685) fue el primero en llamar apoplejía nerviosa.
Pero la neurología moderna no sería lo que es si no pudiéramos observar sus efectos biológicos in vivo e in situ sobre todo en ese gran órgano que es el cerebro. Todo eso se lo debemos a la neuroradiología o neuroimagen que nos permite ver la estructura del cerebro, la médula espinal y los nervios periféricos asi como sus diferentes patologías y de esto es lo que tratará la próxima entrada del blog. Hasta pronto.

lunes, 8 de abril de 2019

Dad aCésar lo que es de César


DAD A CESAR LO QUE ES DEL CESAR

En 1936, Martín Rist, profesor emérito de la Escuela de Teología Iliff de Denver, Colorado, publicaba su artículo “César o Dios, un estudio en forma de historia”, en The Yournal of Religión. Según él, un cristiano de origen gentil; un redactor tardío respecto al momento histórico del ministerio de Jesús, habría cambiado el sentido de la cuestión del impuesto a Cesar por una pregunta sobre la idolatría y la adoración al Emperador de Roma; pues según el autor sería impensable que Jesús hubiera hecho mostrar, en el recinto del templo, una moneda imperial con la efigie del Cesar, que era un verdadero ídolo. En consecuencia, rechaza el relato evangélico como de valor histórico y alude que el verdadero relato se halla en el Papiro Ergeton del siglo II, según el cual Jesús no pidió que se le mostrase un denario.
Cuatro años después, en 1940, salía a la luz el libro “Dad al Cesar: lealtad religiosa y política en Palestina” del orientalista inglés, H. M. J. Loewe (Herbert Martin James), profesor de hebreo rabínico en las Universidades de Oxford, Cambridge y Londres; y considerado por los círculos académicos ingleses como el representante de la erudición judía. En este libro el docto profesor llegó a afirmar que el episodio donde Jesús es interpelado por los fariseos para que tome posición sobre el pago de impuestos al Cesar no tenía valor histórico y que, por supuesto, las palabras “devolved a Cesar” no fueron de Jesús.
Bien; lo primero a considerar es una apreciación teórica sobre las fuentes de este episodio. Respecto al papiro Ergetón, el teólogo alemán Ethelbert Stauffer escribió que el papiro Ergetón no era más que “un mosaico mal hecho de reminiscencias y fórmulas del Nuevo Testamento”. Desde un punto de vista objetivo el papiro Ergetón no tiene más valor que los evangélios sinópticos que son tres testimonios independientes y más tempranos que el propio papiro. Sobre las fuentes, siempre me gusta considerar que cuanto más cercanas a los acontecimientos tienen mas visos de veracidaz; por supuesto, siempre y cuando, los autores de dichas fuentes tenga una reputación sólida en cuanto  a su amor a la verdad. Tristemente, la Alta Crítica no siempre tiene claro este aspecto y repetidamente ha atacadado la autenticidad de los escritores bíblicos. Pero, ¿realmente se puede atacar a los autores cristianos de falsear la verdad en aras de motivos ocultos, cuando aquellas personas estuvieron dispuestas a morir por lo que creían; que al fin y al cabo era lo que habían “visto y oído” (Hechos 4:20); cuyos relatos estaban “plenamente acreditados” entre todos los cristianos (Lucas 1:1). Y puesto que los evangelios sinópticos son un ejemplo de la regla bíblica y jurídica para establecer la verdad, y que el cristiano y apóstol Pablo recordó: “Por boca de dos testigos, o de tres, todo asunto tiene que ser establecido.” (2 Coríntios 13:1) citando de la Ley en Deuteronomio 19:15. Bueno, pues como ya he considerado, los evangelios sinópticos de Mateo, Marcos y Lucas son tres testigos independientes y los tres relatan el episodio del acoso de los fariseos a Jesús sobre el tributo a Cesar. Por lo tanto, no hay ninguna razón para ponerlo en tela de juicio. Para los cristianos primitivos decir la verdad era una virtud de inestimable valor y por supuesto, sabían diferenciar perfectamente entre los “cuentos artificiosamente tramados” (2 Pedro 1:16)
y lo que habían llegado a experimentar por “ser testigos oculares” de los acontecimientos.

El segundo aspecto a considerar es lo que Martín Rist dijo respecto al redactor tardío que habría cambiado el sentido de la cuestión del impuesto a Cesar por una pregunta sobre la idolatría y la adoración al Emperador de Roma. Esto tiene que ver con la contra réplica que Jesús interpone a los fariseos al pedirles que contesten “¿De quién es esta imagen e inscripción?” (Marcos 12:16) El doctor en teologíaJ. Spencer Kennard, en su libro, titulado Render to God, argumenta que la circulación del denario en Judea probablemente era escasa. Las únicas personas que tramitaban rutinariamente con el denario en Judea habrían sido soldados, funcionarios romanos y líderes judíos colaboradores de Roma. Es notable, por lo tanto que Jesús no poseyera la moneda pero que sus interloctores la consiguieran enseguida. La idea de Rist es que al hacer esto Jesús los puso ante la evidencia del significado que la imagen e inscripción mostraban. El frente del denario mostraba un busto perfilado de Tiberio coronado con los laureles de la victoria y la divinidad. Alrededor de la imagen de  Tiberio hay una abreviación, "TI CAESAR DIVI AUG F AUGUSTUS", que significa "Tiberius Caesar Divi August Fili Augustus", que, a su vez, traduce "Tiberio César, Adorable Hijo de Dios, Augusto". En el anverso de la moneda se encuentraba la diosa de la paz romana, Pax, y circunscrita a su alrededor la abreviatura, "Pontif Maxim", que significa "Pontifex Maximus", que, a su vez, significa "Sumo Sacerdote". Por lo tanto, la moneda describía claramente a César como un dios. Tanto Stauffer como Kennard enfatizan el interesante punto de que las monedas del mundo antiguo eran el principal instrumento de propaganda imperial, promulgando las hazañas de sus emisores, en particular la apoteosis del emperador. Las monedas superaban a todos los demás medios de propaganda, puesto que iban a todas partes y eran manejadas por todos. Su simbolismo sutil invadía cada hogar. La moneda del Episodio del Tributo es un buen ejemplo de propaganda romana, puesto que Impone el culto de la adoración del emperador y afirma la soberanía de César sobre todos los que tramitan con ella. Todo esto, por supuesto, chocaba directamente con la religión judía quien consideraba a Jehová como el único Dios y el “Señor de toda la tierra (Sal. 97:5) De esta manera, el teólogo Martín Rist insinúa que Jesús estaba dejando caer ante sus inquiridores que César estaba ocupando la tierra que Dios había dado a los judíos y encima, exigiéndoles impuestos. De esta manera sutil, estaba insinuando la insumisión de Jesús hacia el pago de impuestos y por ende, la de sus discípulos. Pero nada más lejos de la realidad.
De nuevo, vuelvo a la importancia de las fuentes fundacionales. No es así como lo entendieron los primeros cristianos; aquellos que escribieron los textos fundamentales cristianos, como los evangélios. El apóstol Pablo recordó sin tapujos a los primeros cristianos: “Pues por eso ustedes también pagan impuestos; porque ellos son siervos públicos de Dios que sirven constantemente con este mismo propósito. Den a todos lo que les es debido: al que [pide] impuesto, el impuesto; al que [pide] tributo, el tributo; al que [pide] temor, dicho temor; al que [pide] honra, dicha honra.” (Romanos 13:6, 7)También , el apóstol Pedro exhortó: Por causa del Señor sujétense a toda creación humana: sea a un rey como quien es superior, o a gobernadores como quienes son enviados por él para infligir castigo a los malhechores, pero para alabar a los que hacen el bien. (1 Pedro 2:13, 14) Además, hay razones  que añadir para explicar porqué Jesús no estaba utilizando su pregunta de contrarréplica con segundas intenciones. Simplemente, no era el estilo de Jesús. Su estilo era directo y sencillo, con la única intención de ayudar a sus interlocutores a tener una buena relación con su padre, el Dios verdadero. Solo hay que leer el Sermón de la montaña (Mateo 5-7) para verificar la sencillez  y claridad del mensaje de Jesús. Además, a Jesús le encantaba adornar su enseñanza con parábolas o ilustraciones; en definitiva, vívidas imágenes en la mente de sus oyentes que alumbraban conspicuamente su entendimiento, y lo cual agradecían con vívido fervor (Mateo 7:28) Así pues, ¿por qué no pedir una moneda que sus interlocutores usaban asiduamente para impactar una respuesta clara a su capciosa pregunta? De hecho, en este relato, tanto Mateo,Marcos como Lucas ponen en boca de los que interpelan a Jesús las palabras: “Maestro, sabemos que eres veraz y enseñas el camino de Dios en verdad” (Mateo 22:16) Aquellos querían una respuesta clara de Jesús de acuerdo con la verdad. Difícilmente hubieran aceptado una respuesta ambigua de Jesús sin pedirle más explicaciones.
Por supuesto, esto nos lleva a la cuestión principal a la que se ha aludido al principio: ¿pediría Jesús una moneda con una imagen e inscripción idolátricas en el mismo recinto del templo de Jerusalén?
Una respuesta meditada y no pasional podría aclarar que esto no supuso problema alguno, sobre todo al considerar algunas circunstancias a tener en cuenta. En primer lugar la mayoría de los judíos podían ver la gran diferencia entre el uso de denarios con la inscripción de Tiberio César y la profanación que Antioco Epífanes hizo en el templo de Jerusalén en el siglo II a. E.C. al erigir una estatua del dios griego Zeus en el recinto del templo, lo que suscitó la rebelión de los Macabeos. No hay parangón entre una cosa y la otra. Aquella imagen descollante indignaba profundamente a los judíos; sin embargo las monedas son más discretas; suele llevarse guardadas y hay que mirarlas para hacer el pago correcto y recibir las vueltas exactas. Otro aspecto a tener en cuenta era que el segundo mandamiento no prohibió toda hechura de imágenes o representaciones, sino solo el hacerlas como objetos de adoración. Por eso, en el mismo templo había representaciones de muchas cosas como los querubines sobre el arca del pacto, igual que había habido representaciones de querubines bordadas en las cortinas del anterior Tabernáculo. Estaban también los doce grandes toros que sostenían el “gran mar fundido” de 30 Tm, donde los sacerdotes se lavaban antes de oficiar. Se utilizaron estos toros como símbolo de poder, no para adorarlos. El ejemplo más notable para discernir este aspecto está en la serpiente de cobre que Dios mandó hacer a Moisés para que todo aquel que había sido mordido por una serpiente venenosa fijara la vista en la imagen de la serpiente de cobre colocada sobre un poste y entonces era sanada. Sin embargo, siglos después durante el reinado del rey Ezequias, éste la trituró completamente porque en sus días los israelitas comenzaron a adorar a este ídolo-serpiente (2 Reyes 18:1-4) La pregunta pertinente, entonces es, ¿pensaban los judíos que eran idólatras por llevar monedas romanas con la imagen de Cesar. Todo parece indicar que no.
En vista de este interesante tema que suscitó el docto Martín Rist, se me ocurrió la idea de consultar con un profesor al que conocí a través de Internet hace unos pocos años, el profesor don Antonio Piñero, catedrático de Filología Griega de la Universidad Complutense de Madrid e investigador del Cristianismo Primitivo; considerado todo un experto en el tema. En su email él me contestó muy amablemente que desde su punto de vista; más que los denarios, no había nada más impuro para los judíos que los propios gentiles o no judíos. Además, el docto profesor me dio una idea en la que, por cierto, ya había pensado y que me dio la confianza para exponerla también aquí. Se trata del patio más grande que había en el templo de Jerusalén llamado el Atrio de los gentiles. Había varios atrios o patios en el Templo de Jerusalén, el atrio de Israel, el de los sacerdotes, el de las mujeres y el de los gentiles que era el más amplio Había que pasar por varios atrios para llegar al edificio central, que era el santuario en sí. Cada uno de esos sucesivos atrios tenía un mayor grado de santidad.
Por ejemplo, en el Atrio de los gentiles los ciegos, los cojos y los gentiles incircuncisos— podían entrar sin restricción (Mateo 21:14, 15).Lo utilizaban los muchos “temerosos de Dios” (Hechos 13:16) que no eran prosélitos judíos en sentido completo y que deseaban hacer ofrendas a Dios. Además, fue allí donde Jesús en diversas ocasiones se dirigió a las muchedumbres, y dos veces expulsó a los cambistas y a los comerciantes diciendo que habían deshonrado la casa de su Padre (Mateo 21:12, 13; Juan 2:14-16). Es sobresaliente que La Enciclopedia Judía comenta: “En sentido estricto, este atrio exterior no formaba parte del templo. Su suelo no era sagrado, y cualquiera podía entrar en él”.
Por lo tanto, no hay ninguna razón de peso para que el Atrio de los gentiles no fuera el escenario donde se mostró a Jesús un denario romano con la imagen del César.
Finalmente acudiré a un ejemplo contemporáneo para zanjar completamente esta cuestión. Tiene que ver con los testigos cristianos de Jehová, un grupo cristiano contemporáneo con más de un siglo de trayectoria a nivel  mundial. En España, los testigos de Jehová obtuvieron su reconocimiento legal en 1970 pero ya llevaban varias décadas haciendo su obra en medio de las dificultades que les imponía el régimen político. Como rasgo particular en cuanto al tema que nos ocupa hay que decir que los testigos son completamente contrarios a cualquier manifestación de idolatría. No utilizan ningún tipo de imagen religiosa; ni siquiera el símbolo de la cruz; ni en sus casas ni en sus centros de adoración. No obstante, convivieron con el régimen franquista utilizando las monedas del Estado con la imagen del Caudillo Francisco Franco que llevaban la inscripción “Caudillo de España por la gracia de Dios”. Esto, que en sentido estricto  es una blasfemia, no impidió nunca que los testigos españoles utilizaran estas monedas para vivir y para pagar sus impuestos. Esta postura que podríamos calificar de equilibrada y pragmática creo que es la misma postura que aplicaron los judíos en general al uso de monedas del Cesar durante el primer siglo y el ministerio de Jesús. Por lo tanto, cualquier objeción al episodio del tributo a Cesar, como episodio histórico escrito en los evangelios se diluye como otro dicho “ocioso” más (Mateo 12:36) de la alta Crítica que tanto daño hace a la fe auténtica.


Bibliografía:
*** La Atalaya, 2002 1/5 pág. 30 Preguntas de los lectores ***
“Prosélitos y metuentes, La sinagoga cristiana, José Monserrat Torrents, pags. 41-50, ediciones Muchnik.




miércoles, 28 de noviembre de 2018

La rutilante estrella que vieron los magos de Oriente


La mayoría de las personas que se consideran cristianas ven con gran simpatía la estrella que guió a los magos de Oriente hacia el niño Jesús para presentarle sus respetos como rey de los judíos. Sin embargo, el estudio cuidadoso del capítulo 2:1-13 del evangelio de Mateo demuestra, sin lugar a dudas, lo sospechoso de aquella estrella, tanto en su estructura y funcionamiento como en sus intenciones. Es realmente sorprendente que la inmensa mayoría de los comentaristas que hablan del tema relacione la estrella con Dios, cuando está implícito en el texto que no es así, como veremos después. En realidad, no solo consideraré los aspectos de la estrella, sino de paso también, el pasaje completo, que permitirá desmitificar algunos aspectos de la celebración de la navidad como fiesta cristiana.
            En primer lugar, en el texto de Mateo aparecen los magos procedentes de las partes orientales. La palabra griega que aparece aquí es μάγος, que se translitera como “magos”. En el II y III siglos E.C., cuando los cristianos Justino, Tertuliano y Orígenes leían Mateo 2:1, μάγος lo interpretaban como astrólogos, y después, en el siglo IV, tanto Jerónimo como Agustín de Hipona encontraron el mismo significado. Aunque en el pasado se pensaba por Heródoto que μάγος eran una casta meda, investigaciones posteriores han situado más acertadamente a Babilonia como el origen de esta palabra. Según el Léxico griego de Thayer-Strongs, algunos doctos actualmente están considerando esta palabra de origen babilónico. Esta fuente indica que éste era el nombre dado por los orientales de aquella época; babilonios (caldeos), medos, persas y otros; a los sabios, maestros, sacerdotes, médicos, astrólogos, videntes, intérpretes de sueños, augures, adivinos, hechiceros, etc. No sin acierto, algunas versiones bíblicas como la Traducción del Nuevo Mundo han vertido μάγος como “astrólogos”, porque evidentemente, entre toda esta clase de sabios, el interés por los astros correspondería lógicamente a los astrólogos; los astrónomos de la antigüedad. Sin embargo, si bien aquellos magos, además de astrología, practicaban cualquiera de las otras disciplinas susodichas, una cosa si es cierta; no eran reyes; de hecho, como indica la Enciclopedia Católica, ninguno de los llamados Padres de la Iglesia sostuvo que los magos fueran reyes. Fue a partir del siglo VIII que el arte iconográfico comenzó a presentarlos como tales.
Tampoco se puede aseverar que fueran tres. La palabra μάγος es prural; podían ser desde dos a muchos. La idea de que fueran “tres magos” se consolidó en el siglo III E.C. cuando Orígenes propuso por primera vez ese número en consonancia con los presentes que se regalaron al niño Jesús; aunque eso no es determinante como prueba. Una comitiva grande podría presentar tres regalos como un solo individuo podría presentar uno o veintiuno. De hecho, para aquella época existían iconografías que representaban a los magos en número de dos, tres, cuatro y hasta ocho. Incluso la Iglesia ortodoxa siria y la Iglesia apostólica armenia aseguraban que eran doce, igual que los doce apóstoles y las doce tribus de Israel. Tres siglos después; en el VI E.C., comenzaron a conocerse los nombres de los magos, Melchor, Gaspar y Baltasar y otras variantes de estos; y sin embargo, Baltasar continuaba siendo cromáticamente igual que sus compañeros. Aun hubieron de pasar nada menos que nueve siglos para que el monocromatismo de los magos dejara de ser y Baltasar se transformara en el moreno del grupo.
            Bien; a continuación de aparecer los magos en el relato evangélico de Mateo, notamos que estos aseveran que vieron “su estrella” cuando estaban en su tierra de Oriente. ¿La estrella de quien? Ellos dicen que es la estrella del rey de los judíos que es a quien buscan. De esto se deducen varias cosas importantes. En primer lugar, el carácter de su pregunta deja entrever claramente que efectivamente eran astrólogos pues solo ellos son capaces de asignar una estrella a un individuo, lo mismo que hoy los astrólogos asignan parte de los astros del zodiaco a las personas según su nacimiento; cosa insustancial, por supuesto, para los astrónomos científicos.
            En segundo lugar, ¿cómo relacionaron los magos la estrella que vieron en su tierra con el nacimiento del rey de los judíos? Hay que decir que para que tal cuestión se planteara, la estrella en particular tuvo que ser verdaderamente conspicua, llamativa en sumo grado, algo totalmente diferente a cualquier otro astro que hubieran visto anteriormente. Sobre el carácter artificial de esta estrella seguiremos hablando después ya que el relato sigue ofreciendo pruebas sobre ello.
            Es muy probable que la primera vez que los magos vieron esta astro, lo vieran en dirección a Israel desde sus posiciones relativas en el Oriente, posiblemente desde Babilonia, pues ya hemos hablado del posible origen caldeo de la palabra μάγος. Para aquel tiempo existían comunidades judías en las principales ciudades de Babilonia. La mención hecha por los magos al rey de los judíos es una clara alusión a una posible pregunta que los magos pudieron hacer a los rabinos en Babilonia sobre el significado de la visión de la estrella. Esto no se puede descartar ya que los rabinos en Babilonia sabían de la existencia de una profecía mesiánica que se escribió en estos términos en el libro bíblico de Números 24:17: Una estrella ciertamente saldrá de Jacob, y un cetro verdaderamente se levantará de Israel”. Hasta Irineo de Lyon, cristiano del II siglo postuló con esta idea. Esta profecía mesiánica pudo ser muy sugerente en caso de que, efectivamente, los rabinos judíos tuvieran un contacto con los magos referente a esta cuestión, pues no es inconcebible que los magos acudieran a ellos, en vista del conocimiento que pudieran tener de una tradición referente al judío Daniel, que llegó a ocupar un puesto de relevancia en la antigua corte babilónica como “el prefecto principal sobre todos los sabios de Babilonia”, allá por el siglo VI a. E.C. (Daniel 2:48)
            Pasemos ahora a diseccionar la peculiar estrella que vieron los magos. Mateo 2:2 indica que cuando los magos llegan a Jerusalén, dicen que vieron la estrella cuando estaban en el Oriente; luego la estrella está desaparecida en Jerusalén; nadie absolutamente la ve. Hubiera sido de tal trascendencia que se hubiera visto, que tal hecho hubiera sido registrado, sin duda, por fuentes judías. En el versículo 7 se indica que Herodes averiguó, para sus propósitos, el tiempo en que la estrella había aparecido. Y cuando llegamos al versículo 9; en el momento en que los magos salen de Jerusalén para dirigirse a la búsqueda del niño; ¡vaya! aparece de nuevo la estrella y en esta ocasión hasta va “delante de ellos”; y no solo eso; la estrella se detiene justo “encima” de donde estaba el niño. Esta es la demostración más elocuente de lo sospechoso de tal estrella. ¿Por qué? Porque ningún astro se comporta de esa manera. Los astros están demasiado altos y demasiado lejos para que un observador humano pueda decir, desde su posición relativa, que va delante de uno dirigiéndolo o que se para encima de algo. Sin embargo, tal cosa si puede afirmarse si tal “astro” está a una distancia cercana; como a un tiro de piedra. Ciertamente, si tal fenómeno apareciera en nuestros días, cualquier ufólogo lo identificaría con un ovni (objeto volador no identificado). Por supuesto, de ninguna manera estoy sugiriendo que tal fenómeno fuera un ovni, en el sentido común que hoy se les suele considerar; como una nave tripulada. Ésta es una teoría materialista por demás. Los extraterrestres no tienen por qué ser por necesidad seres físicos ni sus naves materia; la estrella que vieron los magos pudo ser un “prodigio”; una ilusión óptica artificialmente tramada. Está claro, sin embargo, que no pudo ser un cometa, ni un meteoro, ni una supernova ni tampoco una conjunción planetaria como han tratado de teorizar muchos. No pudo ser ningún fenómeno astronómico natural.
            Pero, ¿hemos notado donde se paró esta “estrella”? Dice el evangelista Mateo que “se detuvo encima de donde estaba el niñito”. De modo que a continuación, los magos “entraron en la casa” y “vieron al niñito” con su madre (Mat. 2:11). Los astrólogos entraron en una casa (oikia en griego) y no en el pesebre (phatné en griego) de un establo (Luc. 2:7, 12). Por lo tanto, los astrólogos no visitaron al niño Jesús recién nacido, como se ve en muchos belenes de navidad, según la tradición; sino tiempo después y la Enciclopedia Católica así lo reconoce también. Cuando los pastores visitaron al niño Jesús en el pesebre, este era un nene recién nacido (brephos en griego, Luc. 2:12), pero cuando los astrólogos visitaron a Jesús en la casa según Mateo, este ya era un niño pequeño (paidion en griego). De hecho ya habían pasado muchos meses desde el pasaje del evangelista Lucas hasta el pasaje del evangelista Mateo. Cuando, después de visitar los astrólogos a Jesús en su casa, Herodes se da cuenta de que había sido burlado por estos, manda matar a todos los niños de Belén y sus distritos “de dos años de edad para abajo, conforme al tiempo que había averiguado cuidadosamente de los astrólogos” (Mat. 2:16) Por lo tanto, cuando los astrólogos visitan a Jesús en su casa, este tendría entre uno y dos años de edad. No es improbable este punto de vista, pues tanto Epifanio como Juvenco, eruditos cristianos del IV siglo, así lo creían. Además, la iconografía más antigua nunca presenta a los magos visitando a Jesús en un  pesebre sino en una casa.
            Entonces y para finalizar, ¿qué tipo de fenómeno resultó ser la estrella? Podemos identificar este fenómeno por su intencionalidad; claro está, no de la estrella sino de quien la dirigía. Y ciertamente Dios no dirigía la estrella. Primero, porque Dios está reñido con los astrólogos y su juicio contra ellos quedó patente en la profecía contra Babilonia mediante el profeta Isaías 47:12-15. Además, si usamos el raciocino, ¿cómo podríamos asignar a Dios la dirección de aquella estrella cuando ésta, en vez de dirigir directamente los magos al niño Jesús, primero los dirigió al enemigo que lo quería matar, el rey Herodes? Dios, quien estaba muy interesado en proteger la vida de su Hijo, desvió a los magos de Herodes, no mediante la estrella que no era suya, sino mediante un sueño. Así pues, la estrella dirigió a los magos al enemigo de Jesús, mientras que Dios desvió del niño a los magos directamente mediante un sueño. Desde un punto de vista bíblico, este fenómeno astral solo pudo ser la obra sutil de un maestro del engaño y enemigo de Jesús. Y no es de maravillarse, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz” (2 Cor. 11:14).

Bibliografía:
Mateo 2:1-12, la Biblia.
Biblia Paralela, Léxixo griego de Thayer, Strongs NT 3097: μάγος
“Radiografía” de la llamada Estrella de Belén, J.J. Benitez, http://mysteryplanet.com.ar/site/radiografia-de-la-llamada-estrella-de-belen/
The Imperial Bible-Dictionary (edición de P. Fairbairn, Londres, 1874, vol. 2, pág. 139)
J. C. Müller, Enciclopedia Herzog, sobre el testimonio de Heródoto
(Tertuliano en “Sobre la idolatría”, cap. IX [The Ante-Nicene Fathers, 1957, vol. 3, pág. 65].)
Perspicacia para comprender las Escrituras, tomo I, pág. 243, bajo “astrólogos”.
National Geographic, https://www.ngenespanol.com/travel/quienes-eran-los-reyes-magos-melchor-gaspar-baltasar/

domingo, 31 de diciembre de 2017

Desarrollo de la Cosmología, parte VIII, Isaac Newton II


El Dios de Newton

Cuando en 1936, más de 200 años después de la muerte de Newton se subastaron los documentos de su biblioteca, que hasta ese momento no se habían editado y por lo tanto eran desconocidos; se vio claramente que el mayor volumen de sus escritos se correspondían a estudios de teología y de alquimia; mucho más que los que correspondían a física. De esta manera, se pudo comprender que durante el fructífero tiempo mientras estuvo en Cambridge, especialmente desde 1668, Newton estuvo muy ocupado con la investigación teológica. La realidad es que estos escritos, muchos de los cuales, aun están sin editar actualmente, dejan claro la preocupación vital de Newton por entender la mente de Dios en la Creación. Newton tuvo claro que Dios es un geómetra y matemático sin parangón y por eso, además de sus estudios matemáticos de física, trató de ver en la Biblia elementos afines a su concepción divina. Por ejemplo, tras un profundo estudio del libro del profeta Ezequiel, Newton reconstruyó el plano del templo del rey Salomón y trató de ver en sus medidas y diseño aspectos alegóricos del Cosmos creado por Dios. Es comprensible que para un físico matemático como Newton la numerología le atrajera enormemente y que las medidas y cifras contenidas en las Escrituras tuvieran un significado especial más allá de la simple arquitectura.
De todos modos, en la actualidad existe una controversia sobre si Newton era un simple deísta no religioso; o sea, un creyente en Dios a través de la razón o más bien un teísta; un creyente en el Dios que utiliza la revelación para interactuar con los creyentes a través de la fé. En 1980, el historiador de la ciencia, Richard S. Westfall, doctor de la Universidad de Yale, publicó su famosa biografía sobre Isaac Newton. Este autor, considera que, esencialmente, Newton era un deísta, mientras que otros, como James Force, doctor en filosofía de la Universidad de Washington; Rob Iliffe, profesor de historia de la ciencia de la Universidad de Oxford y Stephen Snobelen, profesor de historia de la ciencia y la tecnología de la Universidad de Kings College; todos especialistas en Newton, consideran que él no era un deísta. Todos ellos consideran que el tiempo que Newton dedicó al estudio de la Biblia, que fue mucho, demuestra que no era un deísta.
Los seguidores de la primera postura tratan de ver en Newton un creyente en el Dios de la naturaleza pero no el Dios que se revela a través de las Sagradas Escrituras. Por lo tanto, tratan de ver la creencia de Newton en la Biblia como el de un registro histórico, primero del pueblo judío y después, en el caso del Nuevo Testamento, como el registro del ministerio de Jesús por traer de nuevo a los hombres a la religión verdadera. Por ejemplo, John Henry, historiador de la ciencia de la Universidad de Edimburgo, en su obra “Isaac Newton: ciencia y religión en la unidad de su pensamiento”, cita de Newton las palabras “existe un Dios… y un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo el hombre”, que él escribió al final de su vida en sus “Doce artículos” para probar que para Newton, Jesús era un mero hombre. Sin embargo, esto es un craso error; Newton estaba citando directamente de la 1ª carta a Timoteo 2:5 y, aunque es cierto que el apóstol Pablo escribió estas palabras y efectivamente dijo que Jesucristo era “un hombre” no por ello quiso decir un simple hombre más. Solo hay que leer un poco más adelante en 3:16, “fue puesto de manifiesto en carne, … fue recibido arriba en gloria”; y un poco después en 6:14, “hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo”; para entender que Pablo creía que el hombre Jesús era el Mesías o Cristo, que existía antes manifestarse en carne, que fue resucitado y glorificado “arriba” en el cielo y que volvería para manifestarse de nuevo. Y eso sin recurrir a ninguna de las otras cartas del apóstol Pablo, donde deja claro inequívocamente que para él, Jesús era el hijo enviado por Dios.
Los de la segunda postura, sin embargo, pueden aducir muchos testimonios del propio Newton que demuestran, sin lugar a dudas que él era un teísta; un creyente ferviente en el Dios Revelador de las Escrituras. Para él, las profecías de la Biblia, especialmente Daniel y Apocalipsis, indicaban que Dios intervenía en la historia de la humanidad y de las potencias políticas. Además, en sus últimos años él [en su intimidad] escribió en reiteradas ocasiones expresiones de creyente claras como esta:
“Debemos creer que hay un Dios o Monarca supremo al cual hemos de temer y obedecer, y cuyas leyes hemos de cumplir, aparte de honrarle y glorificarle. Debemos creer que El es el padre de todas las cosas y que ama a su pueblo como si fueran sus propios hijos, y que éstos han de amarle recíprocamente, aparte de obedecerle como obedece un hijo a su padre.”
Por todo ello, podríamos sintetizar que, básicamente, Newton era un deísta para los científicos, y un teísta para la gente común. Un deísta para los científicos porque, aunque no fueran religiosos, sí tenían que reconocer la existencia de un Creador sapientísimo que gobernaba el mundo y todos los fenómenos naturales; y un teísta para la gente común porque, aunque no entendieran ni papa de matemáticas avanzadas ni de ciencias, sí tenían una necesidad imperiosa de creer y alabar a un Dios de propósito para la humanidad que diera sentido a sus propias vidas. Seguramente Newton leyó muchas veces la carta a los Romanos 1:20, donde el apóstol Pablo escribió: “Porque las [cualidades] invisibles de él se ven claramente desde la creación del mundo en adelante, porque se perciben por las cosas hechas, hasta su poder sempiterno y Divinidad, de modo que ellos son inexcusables.” Sin duda, para Newton, conocer a Dios a través de su Creación era una tarea de primer orden en la que él se esforzó mucho por presentarlo a sus propios colegas científicos.
Pero lo haría a la posteridad. Parece que Newton compartió con algunos íntimos sus puntos de vista sobre Dios pero con mucho tacto y reserva. De hecho, sabemos de la dilación de Newton por publicar sus trabajos científicos por su marcada afectación a la crítica, aunque había total libertad en Cambridge para dilucidar cuestiones de esa índole. Pero otra cosa muy distinta eran las cuestiones religiosas que se apartaran de la ortodoxia. La amenaza de caer en desgracia, llegando incluso al ostracismo social y al olvido hubieran sido desastrosas para Newton. Aunque no sabemos con seguridad qué hubiera pasado con él si se hubiera llegado a saber su postura heterodoxa, podemos intuir que cabría la probabilidad de que muchos de sus descubrimientos científicos se habrían perdido para siempre.
Newton conoció de primera mano lo que le ocurrió a William Whiston, quien en 1693 llegó a Cambridge para estudiar matemáticas con Newton. Llegó a ser su profesor adjunto y tan brillante matemático que sucedió a Newton en la cátedra lucasiana. También llegaron a ser buenos amigos y recibió la influencia de Newton en cuestiones religiosas, quien lo alentó a interesarse en la cronología y doctrinas bíblicas. Pero a diferencia del reservado y temeroso Newton, la franqueza de Whiston le llevó a airear sin reservas sus puntos de vista religiosos, al grado de escribir en 1708 a los arzobispos de Canterbury y York para que reformaran, nada menos, que el Dogma de la Trinidad. Alentado primero a la prudencia, su persistencia lo llevó inexorablemente a su declive. La Universidad de Cambridge le negó la publicación de su folleto, la pérdida de su cátedra y finalmente, la expulsión de la institución. En 1710 fue acusado de enseñar doctrinas contrarias a la Iglesia de Inglaterra y se le sometió a un proceso judicial de cinco años que culminó con su extigmatización como hereje y expuesto a la mofa y el desprecio de muchos.
Si Newton hubiera actuado de igual forma que su colega Whiston, presumiblemente hubiera corrido su misma suerte, pasando de la gloria a la deshonra pública de manera dramática. Pero como dice la Biblia en Eclesiastés 1:15, “Lo que se hace torcido no se puede enderezar, y no hay manera de contar lo que falta.” Efectivamente, no hay manera de contar lo que hubiera ocurrido si Newton hubiera actuado de manera distinta a como lo hizo. No es el cometido de la Historia elucubrar con tales interrogantes, sino más bien atenerse a los hechos; y muchas veces los hechos y la verdad son concordantes; y la verdad fue que Isaac Newton lejos de actuar como su amigo Whiston; más bien no le tendió su mano amiga y se apartó de él para que no le salpicara su mismo destino. ¿Cobardía o prudencia? ¿Amor a la gloria personal o temor visceral a la vergüenza pública?