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martes, 1 de diciembre de 2020

LA HUMANIDAD FRENTE A LAS GRANDES PANDEMIAS QUE LA ASOLARON (III): Las estrategias y recursos para contener las pandemias a través de la historia.

La actual pandemia del SARS-CoV-2 aparecida en diciembre de 2019 puso a prueba a todos los gobiernos del mundo para contenerla y evitar sus consecuencias más temidas como la morbilidad y mortalidad de la covid-19 y el hundimiento de las economías nacionales. Con mayor o menor acierto se trabajó en contener la curva de infecciones mediante Estados de Alarma, confinamientos obligatorios, distanciamiento social, obligatoriedad de mascarillas, guantes, geles desinfectantes, etc. Pero se creía en la premisa de que el coronavirus se desactivaría con el calor del verano; que todo mejoraría en los meses estivales. Ahora resulta que tal premisa falló. y, los continuos rebrotes preocupan cada vez más. Los gobiernos y sus sistemas sanitarios parecen perdidos e ineficaces ante el enemigo invisible, a pesar de que la sanidad pública actual esté hoy más preparada que en marzo pasado que fue cogida desprevenida.  


Cabe pues repasar la historia de las pandemias por si acaso podemos aprender algo de su labor didáctica.

Ahora bien, mientras se toman medidas para no infectarse, ¿cómo se comporta el actual coronavirus en la naturaleza?

 

¿PUEDE UNA PANDEMIA VÍRICA AUTOLIMITARSE Y DESAPARECER POR SÍ MISMA?

 

Bueno, lo cierto es que eso mismo ha ocurrido siempre y hasta ahora, con todas las pandemias de la historia, sobre todo aquellas que ocurrieron antes del descubrimiento de los microbios patógenos y la medicina tecnificada de las vacunas y antibióticos. Si no hubiera sido así, cabría pensar que toda la humanidad habría sucumbido y la tierra sería hoy un yermo desolado y conquistado por legiones de virus diversos. De ahí se han sacado conclusiones prácticas que se han puesto en funcionamiento para frenar la pandemia, como la inmunidad de rebaño o de grupo, como veremos después.

Pensemos en un ejemplo. Cuando a principios de 2020 unos científicos analizaron el ADN de un hombre asesinado en la masacre de San Brice en el siglo X E.C. se descubrió que aquel hombre también  se había infectado de viruela, pero no del virus que fue erradicado en los años 70 del siglo XX gracias a un contundente programa de vacunación. Entonces se dijo que la viruela había sido finalmente vencida. En realidad, el virus de la victima del siglo X, E.C. pertenecía a una cepa de viruela desconocida en nuestros días y que desapareció de manera abrupta. Podríamos decir entonces, que la viruela fue vencida dos veces durante la historia y que en aquella primera ocasión -siglo X, E.C- lo hizo de manera autolimitada, vencida por la propia naturaleza. Deducimos, por lo tanto que, sobre todo, antes que se pudieran aplicar programas de vacunación y antivirales, las grandes pandemias de la historia desaparecieron por sí mismas, finalmente autolimitadas.

Pero, aun en estos tiempos modernos con toda su tecnología médica hemos podido asistir a la presencia de ver sucumbir a una de estas pandemias, desaparecida por sí misma. Siguiendo la lógica del nombre del actual coronavirus SARS-CoV-2; es obvio que debió haber un CoV-1. Efectivamente, en 2003 apareció el precursor o familiar del actual coronavirus, el SARS-CoV que produjo el SARS (Síndrome respiratorio agudo grave) en 2003 en Guangdong (China). Se dio a conocer por primera vez el 10 de febrero de 2003 después que la oficina de la OMS de Pekín recibiera un email inquietante sobre la existencia de un virus que había matado a 100 personas en una sola semana. Dos años después había infectado a 8.096 personas y habían muerto 774. Aquel virus que, según los expertos en aquel momento, tenía las cualidades necesarias para dominar el mundo y devastarlo como la gripe española de 1918,  desapareció abruptamente en 2004. A finales de enero de aquel año, cuando solo había unos pocos casos, se anunció la última sospecha producida de infección natural por SARS-CoV y ahí se acabó todo.

 

¿TIENE EXPLICACIÓN NATURAL LA AUTOLIMITACIÓN NATURAL DE LOS VIRUS?

 

Puesto que los virus, a diferencia de las bacterias que se reproducen asexualmente por fisión binaria (básicamente se dividen dando lugar a dos células idénticas); los virus necesitan la maquinaria celular del huésped para producir más copias de sí mismos.
Parece ser que los virus tienden a probar su capacidad de adaptación y lo hacen a través de muchos caminos diferentes para finalizar extinguiéndose abruptamente. ¿Por qué ocurre este desenlace? Esto se debe generalmente al mecanismo de las mutaciones que son cambios accidentales en la secuencia del genoma; fallos en la copia de adn cada vez que una célula se divide de manera natural, o por radiaciones ionizantes o por mutágenos químicos. Lógicamente, no es raro que bajo tales influencias las mutaciones resultantes sean inútiles e incluso dañinas para la propia supervivencia del virus. De esta manera pueden ir perdiendo su poder infeccioso y su letalidad y así, acabar la pandemia que han producido, por simple autolimitación.

 

También, los virus tienden a la diversidad heterogénica. Pensemos que el fenómeno de “derrame” implica que los virus “saltán” entre las diversas espécies. Si una nueva especie es conquistada y ya presenta una infección por virus, el nuevo virus conquistador tenderá a mezclar su genoma con el del virus conquistado produciendo un virus nuevo y diferenciado que puede atenuar su agresividad o por lo contrario potenciarla. Éste fue el caso del virus H1N1 de la Gripe Española que comenzó como la actual. Su primera oleada fue en marzo de 1918 y afectó a catorce campamentos militares. Sin embargo, hoy se considera que en algún momento del verano de 1918 sufrió una mutación o serie de mutaciones que lo transformaron en un agente infeccioso más letal. Hasta se confirmó el momento de la mutación, siendo el 22 de agosto, cuando la mitad de las tropas estadounidenses aliadas entraron en el puerto francés de Brest para incorporarse a la 1ª Guerra Mundial.

 

Me gustó la idea que el periodista José Enrique Ruiz Doménech retomó del filósofo de la historia Arnold Toynbee, en su artículo de la Vanguardia de abril de 2020 que tituló “El ´día después` de las pandemia históricas”. La idea central de Toynbee es que la historia es un equilibrio entre desafío y respuesta y que cuanto mayor es el desafío más juiciosa debe ser la respuesta. A continuación, el periodista comentó cinco momentos históricos en los que al desafío de una gran pandemia continuó un periodo de una juiciosa respuesta seguida por un futuro prometedor. Los cinco momentos históricos fueron: 1º: LA GRAN EPIDEMIA DE LA PRIMAVERA DEL 542; 2º: LA PESTE NEGRA DE 1347-1350; 3º: GRANDES EPIDEMIAS EN MESOAMÉRICA DE 1492-1520; 4º: LAS PLAGAS DURANTE LA GUERRA DE LOS 30 AÑOS (1618-1648); 5º: LA GRAN EPIDEMIA DE LA GRIPE ESPAÑOLA DE 1918-1920.

No analizaremos cada momento, pero nos centraremos en quizá los dos más conocidos: la Peste Negra de 1347-1350 y la Gripe Española de 1918-1920.

La pandemia de la Peste Negra, podríamos decir que fue un efecto negativo de la primera globalización en tiempos de Marco Polo que hizo posible la Ruta de la Seda entre Europa y China, que fue también la Ruta de la Pasteurella pestis y su reservorio natural, la pulga Xenopsilla en las ratas negras arribadas en los barcos que hacían la misma Ruta. Como los sistemas de alcantarillado y la eliminación de residuos eran tan deficientes en las ciudades de Europa, éstas se convirtieron en el hábitat natural para la proliferación sin freno de la temible bacteria; tan temible que diezmó la población europea entre un tercio y la mitad de ella en menos de tres años. Pero ocurrió otra cosa que supuso un revulsivo en cambiar la actitud de la gente. Hasta ese momento, en la Cristiandad europea, la actitud de la gente hacia la muerte se veía como un paso positivo hacia el Reino de los cielos; sin embargo, la aniquilación que produjo la pandemia cambió el chip de la gente al percatarse de la fealdad y crueldad de la muerte que produjo la Peste. De ahí que, prescindiendo del apego de la gente a su fe en su futuro postmorten, la gente comenzó a ver lo bueno de la vida y nuevas posibilidades de futuro que comenzaron a ilusionarlo. El Oscurantismo medieval centrado solo en Dios dio paso al Humanismo y al valor intrínseco de la persona humana. Esta nueva actitud ante la vida dio paso al Renacimiento con su nueva visión sobre la vida y la belleza, y el estudio y la investigación llevaron a nuevos descubrimientos que instauraron una política más eficaz sobre la higiene pública y el urbanismo, mejorando las condiciones sanitarias de la población; aspecto fundamental para acabar con la pandemia que se había cebadó en una población desnutrida y desaseada, con pocos recursos inmunológicos para enfrentarse a ella. De hecho con el Renacimiento comenzó a crearse el embrión de la epidemiología gracias a la entusiasmada curiosidad  de las mentes científicas.

Lo mismo podríamos decir de la Influenza o Gripe Española de 1918 que supuso un desafío sin precedentes llegando a infectar a un tercio de la población mundial -500 millones de personas- y matando entre 40 y 50 millones de ellas. Lo primero que hizo la sociedad fue reaccionar tomando  conciencia del peligro poniéndose rápidamente a investigar en los laboratorios y empleando grandes recursos en tales investigaciones y en la creación de institutos específicos para aislar bacterias y virus con la tecnología punta en ese momento. Por supuesto, también se crearon antibióticos y vacunas para luchar contra el enemigo invisible.

Si tuviéramos que resumir los dos momentos importantes que acabamos de ver nos damos cuenta de que la sociedad salió adelante asumiendo primero de forma responsable el desafío e inmediatamente después, elaborando una respuesta que estuviese a la altura. Se acertó cuando la respuesta abrió paso a un período prometedor, como cuando, tras la Peste Negra llegó el Renacimiento; se erró cuando la respuesta fue pusilánime, partidista, torpe, y sin generosidad.

 

¿ES ENTONCES LA INMUNIDAD DE REBAÑO LA RESPUESTA ADECUADA A LA ACTUAL PANDEMIA?

 

Se llama inmunidad de rebaño a la inmunidad colectiva o de grupo. Curiosamente ha sido ésta la respuesta a la actual pandemia que el Reino Unido ha decidido utilizar como estrategia para contenerla y acabar con ella. Consiste en cuatro fases y alguna de ellas se parecen mucho a las que han aplicado otros países, como, por ejemplo, la primera fase que ha consistido en la contención, aplicando y manteniendo la cuarentena, aislando los primeros casos y haciendo el seguimiento de sus contactos.

 

La segunda fase, llamada de retardo sí es radicalmente diferente a otros países y a las recomendaciones de la OMS y más propia de la inmunidad de rebaño. Ha consistido, primero, en proteger a los más vulnerables, como ancianos y enfermos crónicos, pero al mismo tiempo, dejar que el coronavirus se propague libremente por el resto de la población para que se infecten un número de personas suficiente para que se dé la inmunidad de rebaño. El significado de esta estrategia es que se infecten un número importante de personas que desarrollen anticuerpos frente al coronavirus para que sirvan de cortafuegos o barrera que impidan que la gente no protegida se infecte. La esperanza es que cada vez haya más personas que superen la infección en su forma clínica o subclínica, desarrollen anticuerpos y que así, el coronavirus no encuentre o encuentre cada vez menos personas susceptibles de infectarse y de esta manera se corte la infección.

Esto, en realidad, es lo que se suele lograr con los programas de vacunación de una forma más controlada y rápida.

Se ha calculado que la inmunidad de rebaño en el caso del SARS-CoV-2 se produciría cuando más del 70 % de la población estuviera protegida tras haberse infectado y haber desarrollado inmunidad o anticuerpos frente al virus. Pero el porcentaje de la población protegida puede variar en función del factor R₀ (número reproductivo básico) que es el que estima a cuantas personas puede infectar un determinado individuo según el agente infeccioso. Por ejemplo, el valor de inmunidad de rebaño es menor en el caso del virus de las paperas requiriendo una población protegida entre el 75 al 86 %, mientras que los virus del sarampión y la tos ferina requieren que un 94 % de la población se haya inmunizado para que actue como barrera eficaz. En el caso del Reino Unido se confía en que los individuos se írían infectando paulatinamente ganando tiempo para conseguir que los avances médicos pudieran aplicarse para vencer el virus. Esto junto con la protección dada a los mayores facilitaría que el sistema público de salud  fuera absorviendo los casos más agudos de forma controlada.

Sin embargo, la inmunidad de rebaño tiene un punto bastante negativo y difícil de soportar. Basándonos en los cálculos antes apuntados, en el caso del Reino Unido, para alcanzar la inmunidad de rebaño se necesitaría que se infectaran 47 millones de personas. Pero, puesto que se ha estimado que entre 1 y 5 personas infectadas desarrollarían la covid-19 en grado grave, eso supondría una mortalidad en torno a un millón de personas; un mínimo de 250.000 si excluyéramos a los mayores protegidos con medidas muy eficaces. Pero, ¿qué país soportaría tantos miles de fallecidos a costa de autolimitar la pandemia mediante inmunidad de rebaño natural? Eso es muy difícil de soportar por cualquier país civilizado.

Por lo tanto, en el estado de nuestra actual pandemia, ¿qué podemos decir? En primer lugar, ¿hemos aceptado el desafío, el peligro, que supone esta pandemia? Y, ¿vamos a actuar con mayor creatividad e inteligencia de lo que lo hemos hecho hasta ahora?

Sobre la primera pregunta, es evidente y estamos al tanto de algunas actitudes que están desalentando las buenas intenciones de otros. Me refiero a las actitudes narcisistas e irresponsables de grupos de personas que, por lo visto, no reconocen el peligro que nos acecha y que amenaza nuestras vidas. Muchas de estas personas se alían con teorías conspirativas negacionistas que tratan de desacreditar la actual pandemia para justificar sus acciones.

Pongamos a los jóvenes, por ejemplo. Aunque entendemos la alegría por la vida que mueve a los jóvenes a la diversión y a las relaciones sociales de amistad, es bueno y vale la pena que mediten en que no hay diversión si no hay vida ni futuro; que no pueden existir tales cosas sin una economía estable y que, por lo tanto, para que haya tales condiciones estables es imperativo concentrarse primero en acabar con la pandemia. Reconocemos en los jóvenes que, a pesar de su inexperiencia, también tienen la capacidad de sacrificio y solidaridad. Y que su generosidad mostrada por su aceptación de los límites que nos impone a todos la pandemia, mejoraran la mala imagen que muchos adultos tienen de ellos.

Es posible que muchos jóvenes quieran meditar en la sabiduría implícita en la Biblia sobre este asunto. Y aunque es cierto que muchos jóvenes vean en el Creador Dios un señor muy serio y furibundo, lo cierto es que él está muy atento al espíritu que mueve a los jóvenes; sus ganas de vivir y divertirse; su necesidad de aceptación y amistad. Así lo expresó el sabio rey Salomón cuando escribió el libro de Eclesiastés inspirado por Dios diciendo:Joven, disfruta de tu juventud, y que tu corazón esté feliz mientras seas joven. Sigue los caminos de tu corazón y vete adonde te lleven tus ojos. Pero quiero que sepas que el Dios verdadero te llamará a juicio por todo eso. Así que saca de tu corazón las preocupaciones y aleja de tu cuerpo las cosas que hacen daño, porque la juventud y la flor de la vida son pasajeras. Acuérdate de tu Gran Creador en tu juventud, antes de que vengan los días angustiosos y lleguen los años en que vas a decir: “No encuentro en ellos ningún placer”; (Eclesiastés 11:9, 10-12:1) Como podemos apreciar claramente, el Creador desea que los jóvenes sean felices y disfruten de la vida. Lo único que les advierte es que sean responsables y piensen siempre en las consecuencias de sus actos. Solo así pueden evitar sorpresas desagradables y ser verdaderamente felices.

Si los jóvenes en la actualidad se dieran cuenta que vale la pena sacrificarse ahora por un tiempo para disfrutar después de la normalidad de la vida, evitando las fiestas numerosas y los botellones multitudinarios, después lo agradecerán mucho cuando de nuevo puedan abrazar a sus amigos como siempre lo habían hecho antes de la covid-19.

Algo que nos llamó la atención fue como la primera oleada de la covid-19 en marzo 2020 cogió por sorpresa al Sistema Sanitario, poniéndolo contra las cuerdas tanto en recursos materiales como en información contrastada y uniforme sobre el virus frente a la población. Esto, como se está considerando actualmente en los medios supone que se han de invertir más recursos tanto financieros como materiales para afrontar una nueva epidemia o incluso una nueva oleada de la actual. Y no me refiero a hacerlo ahora. Me refiero a que, del mismo modo que procuramos un buen seguro para nuestro hogar para hacer frente a los imprevistos, los gobiernos deberían invertir en recursos antes que nos pille por sorpresa una nueva pandemia o una nueva ola. Se puede seguir el modelo que aconsejó José a Faraón hace más de 3700 años. Él sugirió a Faraón almacenar una quinta parte del grano anual para hacer frente a la hambruna que vendría años después por toda la tierra de Egipto (Génesis 41:25-36) La profecía se cumplió y, efectivamente, después de los siete años de vacas gordas vinieron los siete años de vacas flacas. Por supuesto, siete años de hambre acabaron con la economía de los egipcios; hasta muchos tuvieron que, finalmente, hacerse esclavos de Faraón cuando se acabaron sus bienes o su dinero como trueque por alimentos, pero, por lo menos, pudieron recibir grano para sobrevivir y lo lograron.

Algunos anuncios ya han apuntado a la responsabilidad como nuestra mejor vacuna. En realidad, cuanto más responsables seamos, antes acabaremos con la pandemia. Como ya consideré en mi 22ª entrada del blog, (https://www.elhistoriadorsinpapeles.com/2020/03/la-humanidad-frente-lasgrandes.html) las medidas profilácticas en el antiguo Israel que se dieron en la Ley de Moisés ya contemplaban la cuarentena como medida eficaz contra las epidémias, adelantándose en 21 siglos al abordaje de las cuarentenas del Medievo. En esta entrada, no obstante, merece la pena considerar el grado de responsabilidad que se exigía a los afectados por una enfermedad contagiosa. Recordemos siempre que la mayoría de las estrategias contra las pandemias en la antigüedad no se basaron en el conocimiento del enemigo invisible –el microorganismo-; quien era un elemento totalmente desconocido en la antigüedad. Sin embargo, pronto en la historia, el hombre fue capaz de intuir que ”algo” se trasmitía entre las personas; no se sabía cómo ocurría pero sí se aceptaba su certeza. En el caso del Israel bíblico, las medidas profilácticas contra los contagios se basaron principalmente en la lepra, pues lógicamente, pronto se dieron cuenta que la aparición en la piel de la enfermedad podía trasmitirse a otros. Por su naturaleza repugnante y mortal se vio que había que ponerle coto a pesar de desconocer su naturaleza. Por eso, desde el momento que el sacerdote levita diagnosticaba lepra, el afectado adquiría una responsabilidad ante su comunidad. No solo debía ser aislado; también debía prevenir a otros cuando, por ignorancia, trataran de acercarse a él, clamando fuertemente: “¡Inmundo, inmundo!” para que los demás no se acercaran más a ellos y mantuvieran la debida distancia social (Lev. 13:45, 46) Estas medidas de distanciamiento social y declaración responsable eran medidas muy importantes para mantener a raya la plaga. Así que es muy importante también hoy que las personas infectadas por el virus se muestren responsables y solidarias con los demás para evitar la propagación del virus. La responsabilidad personal tomada seriamente puede alejar el fantasma de que otros puedan tomarse la responsabilidad de poner freno a la pandemia yendo a extremos inhumanos como llegó a ocurrir en el Medievo, que se llegó incluso a encerrar a los afectados en sus casas, tapiándolas para que no pudieran salir mientras estuvieran infectados.

Pero, ¿podríamos hacer algo más que produjera un cambio profundo, semejante al Renacimiento, para presentar resistencia a la actual pandemia, incluso algo que sirviera de prevención para futuras pandemias?

La verdad que este punto resulta muy difícil pues trasmitir una idea que llegue a propagarse y se haga universal es una tarea, cuanto menos, hipotética en este momento y, lógicamente, para que una  idea brillante pudiera cristalizar en una comunidad humana grande requeriría un tiempo considerable para lograrlo. Hablemos, pues, hipotéticamente.

Algo que ha llamado la atención de los medios de comunicación durante la presente crisis sanitaria mundial ha sido el considerable éxito que ha tenido China para frenar la expansión de la pandemia del coronavirus. El 8 de septiembre de 2020, la redacción  BBC Mundo se hizo eco de la ceremonia en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín, donde su presidente Xi Jinping afirmó que China había superado "un examen histórico y extraordinario". En este acto, se homenajeó a a las víctimas de la enfermedad y a 4 "héroes" que la habían combatido como sanitarios. Parece como si este éxito se uniera a los cinco momentos históricos que ya hemos comentado y que el periodista José Enrique Ruiz Doménech expuso retomando del filósofo de la historia Arnold Toynbee su visión de las crisis históricas entre desafío y respuesta. Por supuesto que el presidente de China aprovechó la ocasión para adjudicar el éxito a la gestión de su partido único, el Partido Comunista Chino. Esto, por supuesto , no nos extraña para nada porque les falta tiempo a todos los políticos para colgarse medallas. Sin embargo, me gustó el titular que indicó el presidente para celebrar el acontecimiento diciendo: "Logramos rápidamente un éxito inicial en la guerra del pueblo contra el coronavirus".

Ésta, me parece que es una clave para la idea utópica que estamos tratando de esbozar. No se trata de luchar cada uno por su cuenta; tampoco se trata de entrar en la carrera entre farmacéuticas por la consecución de la vacuna más rápida, efectiva y económica. Se trata de aunar las fuerzas de todos; “el pueblo”, para trabajar con un único propósito. Ésta idea entronca con algo que ya hemos esbozado. Se necesita RESPONSABILIDAD y SOLIDARIDAD. Mientras la gente se empeñe en que primero es disfrutar y que la lucha contra el coronavirus es cosa de otros, es dudoso que logremos hacer progreso contra el virus.

Otra cosa que se está haciendo desde hace décadas en China y de la que se puede aprender mucho es cómo diferentes concepciones científicas trabajan juntas para atender a los afectados por la pandemia. En China, por supuesto que hay hospitales modernos y la práctica de la medicina científica vanguardista, común a todas las naciones modernas. Sin embargo, tanto el pueblo como el gobierno continúan respetando la tradicional y milenaria Medicina Tradicional China; y ésta también tiene respuestas para enfrentarse a la pandemia con preparados y recetas milenarias de comprobada eficacia. Luego entonces, la medicina oficial de occidente debería abrir su mente a nuevos conceptos medicinales y no prejuzgarlos como anticientíficos, máxime cuando hay investigadores, como mi admirado profesor, el dr. Félix Irigoyen, que trabaja sin descanso desde su instituto Insumed de Navarra en tender puentes entre ambas medicinas, traduciendo los síndromes de la MTC (que parecen místicos) a la fisiología y nosología propias de la Medicina occidental.

Precisamente, en estos días he estado escuchando al dr. Félix Irigoyen en su presentación de los cursos de Inbimed, donde no solo ha dado una explicación coherente y convincente sobre el coronavirus y sus efectos sobre la covid-19, sino también, cómo el buen manejo de la viremia en China ha sido el resultado de la cultura médica china. Nada de esto debería extrañarnos puesto que basándose la MTCH en el Tao; ésta tiene en cuenta la búsqueda de la armonía en todas las cosas.

También la armonía ha jugado su papel en el manejo de la pandemia en China. Puesto que en la armonía se busca también el equilibrio, que es uno de sus aspectos, no debe extrañarnos que también se haya buscado en China el equilibrio entre la sanidad y economía. Parece que en China, no solo se contiene eficazmente la pandemia con pocos casos sino que parece que hasta su maquinaria económica se está reactivando. Parece que han entendido bien la ecuación que planteó Arnold Toynbee sobre el equilibrio entre desafío y respuesta y que cuanto mayor es el desafío más juiciosa debe ser la respuesta. Primero, con lógica se ha entendido cual es el enemigo a combatir y después se ha entendido su relación directa: si se acababa con el enemigo, el virus, las infecciones no se extenderán y los daños, incluidos los económicos, quedarán limitados. No todos han entendido esta lógica. Algunos, tratando de salvar a toda costa la economía, lo han pagado con una mayor mortandaz; un altísimo precio para no salir de pobres. Podríamos, por lo tanto, concluir con la siguiente respuesta al presente desafío.

Lo primero es el respeto a la vida humana y su prioridad sobre todo lo demás lo que supone el acoso y derribo del coronavirus que es el objetivo a combatir. Si no hay medios técnicos como vacunas y medicamentos eficaces se impone la cuarentena. Cuanto más extricta sea, mejores resultados se obtendrán. Para ello se requiere la mayor responsabilidad y solidaridad del “pueblo”, sin cortaprisas ni veleidades impacientes. El narcisismo debe quedar relegado mientras dure la pandemia. Los reproches políticos deben dejarse aparte porque buscar culpables durante la pandemia no conduce a solucionarla. Al contrario, cuanta mayor unidad haya entre diferentes ideologías antes dará su fruto el éxito. Hasta las diferentes concepciones científicas deben darse la mano con un respeto básico porque cualquier idea, por extraña que sea, puede verter algo de luz a la solución.

Personalmente confío en el prometedor y cercano futuro que ofrece la Biblia donde “ningún habitante dirá: “Estoy enfermo”. La gente que viva en esta tierra será perdonada por el pecado [que conduce a la muerte]. (Isaías 33:24) Las pandemias serán cosas del pasado bajo el Reino (el gobierno) de Dios. Por supuesto, esto último es de mi propia cosecha pero es mi firme convicción y la de más de 8 millones de otras personas a través de toda la Tierra que confían en tal promesa. Porque la promesa del amoroso Creador es ésta: ”‘Porque sé muy bien lo que tengo en mente para ustedes —afirma Jehová Dios—. Quiero que tengan paz, no calamidad. Quiero darles un futuro y una esperanza. Ustedes me llamarán, acudirán a mí en oración, y yo los escucharé’. (Jeremías 29:11, 12)

https://www.lavanguardia.com/cultura/culturas/20200411/48386825438/epidemias-pandemias-gripe-espanola-peste-negra.html

https://blogs.elconfidencial.com/espana/postpolitica/2020-10-16/coronavirus-pandemia-china-sanchez-ayuso-alemania-trump_2791068/

http://inbimed.com/